EL REDESCUBRIMIENTO DEL MATRIMONIO CUANDO LOS HIJOS VAN CONSTRUYENDO SU PROPIA FAMILIA
-La base de toda familia es el matrimonio, es decir, la pareja, la unión de vida y amor de hombre y mujer. Los hijos constituyen la bendición fundamental del matrimonio porque lo orienta hacia la fecundidad. No obstante, el no poder tener hijos no invalida el proyecto matrimonial.
-Amar y educar a los hijos, es más, darles la vida, no supone vivir apegados a ellos, ni de forma afectiva, ni como único proyecto, valor o fin de la vida.
-El amor y cariño hacia los hijos, la protección y dedicación, la donación de lo que se es y se tiene, la educación y el ejercicio de la autoridad...con el tiempo se va encaminando hacia el respeto y la acogida de la libertad y personalidad de cada cual, la aceptación de la diferencia, la tolerancia en valores diversos...La casa, entonces, debe convertirse en lugar de acogida y convivencia sin que se convierta en hotel o pensión. Los padres deben ser referencia de equilibrio, justicia y paz.
-El silencio del hogar al emigrar los hijos propicia la acogida del otro/a como compañero/a de camino. Se trata de valorar y fomentar los encuentros y el diálogo, pero también valorar y permitir los silencios sonoros, logrando que la presencia del otro nunca sea un estorbo.
-Aparecen de manera más marcadas las manías y defectos que deben ser recubiertos con la comprensión y la misericordia, en la búsqueda de estrategias para relativizar conflictos y no hacer batallas de cuestiones secundarias.
-Se hace necesario una combinación adecuada entre el servicio como abuelos con la realización de actividades sociales y culturales, así como el fomentar una vida sana y pacificadora.
-La atención y cuidado de los mayores (padres- suegros), dentro o fuera del hogar, debe suponer una tarea asumida conjuntamente y con buen talante porque conlleva desgastes, y que hay que saber armonizar, en la medida de lo posible, con descanso adecuado, y una oxigenación humana, afectiva y espiritual conveniente.
-Es necesario orientar el tiempo para que el ocio no se convierta en el valor prioritario que termina encaminando la vida hacia la comodidad y la frivolidad, o la preocupación obsesiva por la salud.
-El deterioro progresivo que sufren nuestros cuerpos puede producir complejos, depresiones, desprecios, rechazos, vergüenza...Aprender a querernos a nosotros mismos nos ayudará a descubrir la belleza cambiante de quien camina con nosotros.
-Debemos ser conscientes de que la vida nos sorprende con notas de inmadureces y retrocesos hacia zonas que pensábamos ya superadas: La búsqueda de la belleza adolescente, el sentirnos halagados fuera del hogar, la necesidad de sentirnos atractivos, la búsqueda de sensaciones nuevas....pueden desorientarnos y hacernos perder el norte de la vida. Aceptar la dosis de insatisfacción que la vida tiene, tratando de sacar lo mejor de nosotros mismos y los demás, es el secreto de la verdadera armonía y camino de felicidad.
- La fe tiene que convertirse en confianza. El paso del tiempo ha ido calmando en nosotros la soberbia, el deseo de comernos el mundo”, el sentirnos poderosos y capaces de casi todo, la preocupación por lo material en ocasiones con tintes de cierta ambición...Dios se nos presenta como amigo; disfrutamos de la sabiduría divina, de cómo Dios hace bien las cosas, aunque en el momento en que pasaban no las entendíamos del todo; hemos ido aprendiendo a confiar en Él, y a no desesperar ante problemas y contratiempos. En definitiva, nuestra relación con Dios se hace serena y gozosa, agradecemos más que lo que pedimos, y cuando pedimos lo hacemos pensando más en otros que en nosotros mismos.
Higinio Sánchez Romero
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