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CIENCIA: LA IGLESIA Y EL DESARROLLO CIENTÍFICO
 

Vea también:
Origen del Universo: la teoría del Big Bang





¿Se opone la Iglesia al desarrollo científico?

En el siglo XX, el abate Lemaitre, sacerdote belga, fue el primero en proponer la hipótesis de la Gran Explosión (Big Bang), como consecuencia de la teoría de la relatividad de Einstein, sugiriendo la edad del universo y su expansión en una forma que todavía encuentra un apoyo reciente en las ideas de expansión acelerada sugeridas hace muy pocos años.



 








En otro campo distinto, recordemos también que las bases de la genética moderna se encuentran en los trabajos de Gregorio Mendel, un monje austriaco agustino del siglo XIX cuyos experimentos sobre la transmisión de los caracteres hereditarios se han convertido en el fundamento de la actual teoría de la herencia. Las leyes de Mendel explican los rasgos de los descendientes, a partir del conocimiento de las características de sus progenitores.



 

¿La Iglesia se opone al desarrollo científico?

La Historia de las relaciones entre Ciencia y Fe.

Con respecto a la historia de las relaciones entre la Iglesia y la ciencia, conviene recordar hechos innegables. Los únicos que se esforzaron por salvar el acervo cultural de Grecia y Roma fueron los monjes de los monasterios de Occidente: no sólo para preservar libros de filosofía, sino para transmitir toda la riqueza literaria y científica de aquellas épocas previas al cristianismo. Silenciar esto es tergiversar la Historia.

Las universidades europeas, centros de trabajo intelectual en los que se apoya nuestro sistema educativo superior, fueron una institución de la Iglesia, donde se desarrolló la base de toda la cultura moderna. Aun las ciencias experimentales, en la medida en que eran posibles, se apreciaron y cultivaron: san Alberto Magno es el más conocido de aquellos filósofos naturales precursores de los científicos modernos. Y al llegar al Renacimiento, el nombre de Copérnico –esgrimido a veces como un emblema de un cambio de punto de vista progresista– es el nombre de un eclesiástico, un canónigo polaco.

Los jesuitas del Colegio Romano fueron astrónomos serios y originales: ellos construyeron el primer refractor astronómico basado en los cálculos teóricos de Kepler, logrando un telescopio superior al de Galileo, modelo de todos los grandes refractores hasta el presente. También construyeron el primer telescopio refractor. Y fue un jesuita el primero en construir una montura ecuatorial. También fueron los estudios astronómicos de los jesuitas los que sentaron las bases para la reforma gregoriana del calendario.

En polémicas con Galileo, los jesuitas correctamente identificaron la naturaleza astronómica de los cometas, en contra de las hipótesis de nubes de la alta atmósfera que sostenía Galileo. Más tarde, ya en el siglo XIX, el padre Secchi sentó las bases de la astrofísica con su clasificación espectral de las estrellas.

En el siglo XX, el abate Lemaitre, sacerdote belga, fue el primero en proponer la hipótesis de la Gran Explosión (Big Bang), como consecuencia de la teoría de la relatividad de Einstein, sugiriendo la edad del universo y su expansión en una forma que todavía encuentra un apoyo reciente en las ideas de expansión acelerada sugeridas hace muy pocos años.

En otro campo distinto, recordemos también que las bases de la genética moderna se encuentran en los trabajos de Mendel, un monje austriaco agustino del siglo XIX cuyos experimentos sobre la transmisión de los caracteres hereditarios se han convertido en el fundamento de la actual teoría de la herencia. Las leyes de Mendel explican los rasgos de los descendientes, a partir del conocimiento de las características de sus progenitores

El químico y bacteriólogo francés Louis Pasteur, (1822-1895), fundador de la asepsia y antisepsia modernas, quien no tenía reparo en rezar su rosario mientras viajaba en tren a pesar de las burlas de algunos “universitarios” pedantes que sin saber quién era pensaban que era un simple campesino ignorante, decía: “Yo te aseguro que, porque sé algo, creo como un bretón; si supiera más creería como una bretona” (haciendo referencia a que su ciencia no contradecía la fe de un simple campesino).

Por último, ya es hora de que se deje de buscar una confrontación sensacionalista entre ciencia y fe en el caso de Galileo. Estudios históricos rigurosos muestran la complejidad de relaciones personales y rivalidades de orden científico entre los personajes de aquel entonces, sin que haya una dicotomía simplista de buenos y malos. Pero Galileo jamás pasó un minuto en las cárceles de la Inquisición, ni fue sometido a tortura o vejación alguna. Su condena, por no cumplir su compromiso de enseñar el heliocentrismo como una hipótesis (aunque él, equivocadamente, creía poder demostrarlo), fue solamente el imponerle estar en su casa y decir algunas oraciones. Y murió atendido por una hija religiosa, y con la bendición papal, mientras se confesaba hijo fiel de la Iglesia.

Manuel Carreira, S.J.
Fuente: http://www.mscperu.org




Diálogo con los no creyentes...

 
¿Dónde está tu Dios?
La fe cristiana ante la increencia religiosa


¿Quiénes son los no creyentes? ¿cuál es su cultura? ¿qué nos dicen? ¿qué podemos decir a propósito de ellos? ¿qué diálogo se puede entablar con ellos? ¿qué hacer para despertar su interés, suscitar su preguntas, alimentar sus reflexiones y transmitir la fe a las nuevas generaciones, a menudo víctimas de la indiferencia religiosa de la que está impregnada la cultura dominante?

La misión de la Iglesia no consiste en impedir la transformación de la cultura, sino más bien asegurar la transmisión de la fe en Cristo, en el corazón mismo de unas culturas en pleno proceso de cambio...

Vea:
- Increencia. Los católicos y la increencia.

Vea también:
- Origen del Universo: la teoría del Big Bang
- Ciencia: la Iglesia y el desarrollo científico
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