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CONOCIMIENTO EN EL DESARROLLO PERSONAL HUMANO Y SO
 



Desarrollo personal humano y social

CONOCIMIENTO EN EL DESARROLLO PERSONAL-HUMANO Y SOCIAL

DIALOGO CON A. GABILONDO EN MEMORIA DE PEPE ALONSO

Con motivo del “I Memorial Pepe Alonso”, en el aniversario del fallecimiento de este significativo sacerdote canario (además profesor de filosofía y fundador-director del Aula Manuel Alemán de la ULPGC), estuvo impartiendo una conferencia sobre “El conocimiento y la salud social”, el Dr. y profesor Ángel Galibondo, filósofo, catedrático de Metafísica y ex ministro de educación. Fue una intervención muy interesante, cualificada y amena o viva, donde presentó una visión del conocimiento, de la educación y de la cultura: desde la experiencia y la vida, desde la realidad y la ética; desde el amor, la libertad y la justicia con los pobres, con las víctimas, desde la solidaridad y memoria, en el tiempo (pasado, presente y futuro), con la humanidad en su dinamismo histórico. Un conocimiento, educación y cultura con la forma y fondo de la palabra y del desarrollo (maduración) personal, del diálogo (escucha y responsabilidad) ante el otro, que transforma y renueva la sociedad-mundo en el bien común, la justicia y los derechos desde los pobres y excluidos, Evitando así el fanatismo e integrismo, la sin razón y barbarie. En el fondo, planteó una antropología y ética donde el ser humano es comprendido como un ser personal, sujeto único e irrepetible, con su dignidad sagrada e inviolable. Y, a la vez, la persona es un ser comunitario y social en relación con los otros, con la humanidad y la sociedad-mundo, para el servicio y responsabilidad ética o compromiso por el bien común, la libertad y la justicia. Tal como nos enseña lo mejor de la historia de la filosofía, como la clásica con los griegos como Platón y Aristóteles, la medieval con los pensadores cristianos como San Agustín y Santo Tomás, la moderna con el humanismo ilustrado de un Rousseau o un Kant, hasta llegar a la época contemporánea, por ejemplo, con el humanismo personalismo de autores como Lévinas o Mounier.

Como se observa, es una cosmovisión y propuesta del conocimiento, de la educación y cultura seria, con rigor y ética, para la formación y el desarrollo integral, moral y solidario de las personas, de los pueblos, con una perspectiva comunitaria, social y democrática en el bien común. Frente a todo planteamiento individualista y economicista, mercantilista y competitivo de la educación, de la cultura y del mismo conocimiento. El dialogo y debate, tras su intervención, con el público fue vivo, fecundo y se plantearon algunas cuestiones muy interesantes e importantes que ahora vamos a intentar tratar y profundizar; en especial una, que ha sido objeto de mi tesis doctoral sobre ciencias sociales y filosofía- en particular sobre su trasfondo antropológico y ético-, que es la relación entre conocimiento o cambio personal y transformación/desarrollo social. Está claro, y así lo apuntó muy bien en dicho debate el mismo Gabilondo, que no se excluyen ni están reñidos el desarrollo personal con la trasformación socio-estructural del sistema. La cuestión, que ahora vamos ahondar en la línea de lo estudiado en nuestra tesis, es como se articula dicha relación entre el cambio personal y social y, todavía más, que sentido, significados y contenidos o propuestas tiene dicha transformación personal y estructural. Como ya dijimos con Gabilondo, son complementarios y no se oponen, tal como expresó muy bien E. Mounier con su celebre pensamiento: “la revolución será económica (cambio de sistema) o no será, pero será moral o no será (cambio personal, cultural)”. Al igual que otro muy significativo filosofo y pensador contemporáneo, en la línea del personalismo de Mounier y de otros, como fue I. Ellacuría que mostraba que frente la civilización del capital (donde impera el lucro, el beneficio...), había que instaurar la civilización del trabajo. Esto es, otro sistema económico y social donde lo primero fuera la dignidad del trabajador, de las personas y los pueblos, sus necesidades básicas, su desarrollo integral. Y de igual manera, proseguía Ellacuría, frente a la civilización de la riqueza (del ser ricos, la acumulación de bienes y recursos en pocas manos, el tener...), hay que perseguir la civilización de la pobreza, la austeridad y solidaridad compartida, ecológica..., con los otros, la justicia global con los pobres y con la naturaleza.

Como se observa, aquí hay algunos elementos muy importantes a tener en cuenta, que creó que fue en el fondo lo que apuntó alguna observación que se le hizo a Gabilondo. Tal como es la dominación, opresión injusticia y desigualdad en forma de hambre, empobrecimiento y exclusión que genera la ideología y sistema neoliberal, capitalista; el capitalismo, que por naturaleza es perverso, injusto e inmoral. Como vimos, así lo entendieron lo más valioso de la filosofía, como el personalismo y sus autores como los ya mencionados Mounier y Ellacuría. La clave, creemos, es que dichos pensadores no se limitan un pensamiento y filosofía más formal o (de alguna forma) abstracta, como por ejemplo el genio de Kant-por lo demás, como decimos, un autor imprescindible-, otra apunte que bien se le señaló a Gabilondo. Sino que, en esta línea, el imperativo moral y categórico kantiano, el ser humano como fin y no como medio ya que tiene dignidad-no precio-, o incluso (más allá, por supuesto, del formalismo kantiano) la responsabilidad ante el rostro del otro, del huérfano o la viuda, del pobre o excluido: se historiza y contextualiza. Es decir, el cambio personal y la trasformación estructural se ponen en el marco de la realidad social e histórica, de las ideologías y estructuras sociales. De esta forma, se visibilizan real e históricamente los poderes y sistemas políticos-económicos, las totalidades sociales, que dominan, que causan la injusticia y la estratificación social o desigualdad en forma de paro y explotación (esclavitud) laboral, de hambre y empobrecimiento. Tal como ha acontecido con las dos ideologías y sistemas perversos, que han dominado en nuestra época. Como es, sobre todo, el neo-liberalismo económico, la dictadura del capitalismo que por su naturaleza es inmoral e inhumano, niega la solidaridad, la igualdad y la justicia. Y como mala o parcial respuesta al totalitarismo capitalista, el totalitarismo del comunismo colectivista o colectivismo (leninismo/estalinismo), que niega la libertad y la participación democrática.

En el fondo, desde esta personalización e historización del pensamiento o filosofía (del conocimiento, la cultura y la educación), estas ideologías y sistemas inhumanos que expresan los peor de la modernidad (el individualismo burgués y materialista-economicista): niegan la centralidad, dignidad y protagonismo de las personas, de la sociedad civil; impiden la participación y auto(co)-gestión de la vida pública o social, política, económica y cultural. Todo lo anterior, como vemos, lo ha entendido muy bien lo más cualificado del pensamiento ético y social contemporáneo. Como el ya mencionado personalismo o el humanismo, aquí es imprescindible señalar a los autores de la escuela de Frankfurt, el latinoamericano, etc. todos ellos en conexión con los movimientos obreros o de trabajadore/as, sociales y ciudadanos. Y, desde su disciplina, así nos la enseñado las mismas ciencias sociales, como la sociología y la psicología. A modo de ejemplo, siguiendo y profundizando lo más valioso de la filosofía moral o teoría social crítica de Habermas, vemos que el mercado (sistema económico) y el estado (sistema político) ha colonizado al mundo de la vida, a las comunidades de dialogo en la verdad, justicia y bien común. Por el contrario, son estas comunidades, la sociedad civil, las que tienen que protagonizar y gestionar a estos sistemas, con el derecho (leyes justas) y esta ética comunicativa, democrática en la veracidad, en lo justo y en el bien universal. En la línea de Dussel, que a su vez pro-sigue, profundiza toda esta filosofía y teoría social contemporánea, hace falta que lo cultural y material, el sistema (el “principio material”), defienda, asegure y promueva la vida en todas sus dimensiones; que promocione los derechos de las personas y pueblos, desde los que no lo tienen, desde los pobres, las víctimas de la injusticia y opresión del actual sistema capitalista globalizado (es el “principio negativo-ético”). Es una ética liberadora con los excluidos en la era de la globalización, frente al capitalismo mundial que no posibilita la vida (cultural, social, ecológica…) y que, por tanto, no es ético, tal como también, de forma similar, nos mostró el mismo Ellacuría.

Esta relación entre el cambio personal y social, como podemos ver, es simultanea y, todavía más, interaccionan mutuamente. Nosotros vamos cambiando, desarrollándonos y madurando en todos nuestras dimensiones (espiritual y humana, moral y social), voy siendo feliz, en la medida en que sirvo, me responsabilizo y me comprometo por un mundo más justo y fraterno. Tal como nos muestra la psicología, por ejemplo la materia de la psicología del desarrollo humano, o las escuelas de la psicología humanista, la cognitiva e incluso lo más valioso de la positiva, Es totalmente comprensible, como el movimiento se demuestra andando, yo voy cambiando, es decir voy siendo más justo y fraterno, en la medida en que práctico o me comprometo (lucho por) la paz, la justicia y la fraternidad en el mundo, con toda la humanidad desde (con) los pobres de la tierra. No olvidemos que uno madura o se desarrolla a nivel moral, humano y espiritual cuando asume esta fraternidad universal, esta solidaridad mundial, esta justicia internacional-global con toda la humanidad, desde (con) todos los excluidos del planeta. Como nos enseña la psicología y la misma filosofía moral.

Más en tiempos (o época) de globalización en los que estamos, nos encontramos en la era de la globalización. Estamos en la realidad histórica del capitalismo global, con sus grandes poderes (empresas) transnacionales, como en especial la banca-finanzas (especulativas, usureras…), que son los causantes de toda esta creciente desigualdad e injusticia planetaria, obscena, del hambre, empobrecimiento y la exclusión, de la violencia, de la guerra y destrucción ecológica, etc. Tal como se ejemplifica, una vez más, en la actual crisis que son inherentes al capitalismo que en su entraña es especulativo, depredador, voraz….En donde o luchamos por unas instituciones, leyes y estructuras internacionales, mundiales en la justicia global, o el cambio no será efectivo ni, por tanto, moral en la constitutiva dimensión política de la ética, del amor y la solidaridad. Como estudian hoy las ciencias sociales y morales.
Y, a la vez, el cambio personal solo es posible en el marco de una cultura, estructuras y sistemas sociales renovados. Ya que, como ser social y comunitario-político que es, la persona está condicionada por dichas estructuras o sistemas que la van desarrollando para bien o para mal, con un desarrollo humano y ético o deshumanizador e injusto. En su proceso personal y cultural, educativo y socializador, el ser humano va inter-actuando con la cultura y sistema social que le influye y afecta. Como, de forma paradigmática, manifiesta la actual cultura y sistema neoliberal, capitalista que va impulsando toda esta cultura y conducta individualista y consumista, competitiva e insolidaria que se vive hoy, tanto en la infancia o juventud como en las personas adultas. Quien educa y forma globalmente es la sociedad-mundo, las “sociedades educadoras” como se denominan hoy, y para educar o cambiar personalmente: hay que educar y transformar social-globalmente; como nos muestran lo mejor de las ciencias sociales, la psicología, la sociología o la pedagogía. Por ejemplo, ahí tenemos la teoría social de Giddens, que nos enseña como la acción y la estructura social se van condicionando, mutuamente, en el proceso de cambio. En las dinámicas de transformación, la estructura social posibilita o impide la acción y viceversa. No hay, pues, cambio personal sin transformación estructural, ni renovación sociopolítica sin desarrollo (trabajo) personal.

Otra matización importante es que es cierto que, en coherencia, nuestras obras deben corresponder a nuestras palabras. Aunque hay que tener en cuenta que, primero, ya lo que decimos (la palabra): es una forma de acción, es transformadora, denuncia la injusticia, a los poderes opresores, y anuncia o proclama la justicia y la paz fraterna, es voz de los que no tienen voz, etc. Y la cantidad de mártires que tenemos por esta acción de la palabra, por ejemplo Mons. Romero o Ellacuría, es prueba suficiente de ello. Y, segundo, que los valores o mensaje ético y social siempre sobrepasan al mensajero, “llevamos este mensaje o palabra como en vasijas de barro”, trasciende a las personas que se intentan comprometer por un mundo más justo. Todos tenemos, más o menos, nuestras incoherencias y errores. Pero ello no nos debe paralizar en este cambio personal y compromiso social, ya que este cambio o coherencia personal es un proceso que dura toda la vida, que siempre hay que trabajar y mejorar. Y porque toda psicología sana y ética madura no mira tanto a la perfección individual (a estar todo el día obsesionado si cumplo o no, si he fallado o no…); sino que siempre tiene como mirada de fondo, universal, a los otros, a la solidaridad y justicia global con los pobres de la tierra, más que si caigo yo o no (me regodeo) en mi mal o pecado. Lo cual, como decimos, lleva a las patología de una ética individualista y burguesa, farisea y obsesiva (poco saludable).

Ser persona en el desarrollo moral, humano y espiritual no significa que no podamos caer y fallar. Pero sí que al fallar o caer, tenemos la posibilidad y capacidad de levantarnos, una y otra vez, de seguir caminando en las sendas de lo fraterno y justo, porque nos liberamos de la obsesión de uno, de mi “yo-ismo” e individualismo. Ya que lo que nos mueve (anima, da vida), realmente, es la encarnación y pasión (la motivación, la felicidad) solidaria con los otros, en que haya más justicia, vida y fraternidad para la humanidad: nada más bello y hermoso, para una estética y ética de la educación, de la cultura y del conocimiento. Todo lo anterior, como cristiano y católico, creo que nos lo transmite muy bien el Evangelio, la tradición y enseñanza de la iglesia. Por ejemplo, la conocida como doctrina social o pensamiento social cristiano, que nos muestra todo este análisis o caudal de reflexión social, ética y espiritual. Terminar, una vez más, agradeciendo al profesor Gabilondo sus sugerentes e importantes aportaciones; y, en especial, queremos que este escrito y dialogo sea para honrar, con cariño, la memoria de Pepe Alonso y su legado, para un conocimiento o sabiduría (filosofía), educación y cultura con entraña humana, ética y liberadora, fraterna y espiritual.

(Noviembre del 2013)

Agustín Ortega (Centro Loyola e ISTIC)
Subdirector del Centro Loyola, Centro Fe y Cultura de los Jesuitas (Las Palmas de GC) y Profesor en el ISTIC (Departamento de Filosofía y Ciencias Humanas). Ha cursado los estudios de trabajo social (Diplomado), Filosofía y Teología (Licenciado en EE., Teología Sistemática), Moral (Experto Universitario) y Ciencias Sociales (DEA y Doctor por el Departamento de Psicología y Sociología, ULPGC)

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