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CORRUPCIÓN, POBREZA Y MOVIMIENTOS POPULARES, SIGNO
 



 

CORRUPCIÓN, POBREZA Y MOVIMIENTOS POPULARES, SIGNOS DE LOS TIEMPOS

Los ciudadanos están escandalizados e indignados, con razón, por los continuos casos de corrupción que, un día sí y otro también, salen a la luz pública. Ahora bien, esta tendencia social de corrupción, sistemática y permanente, no se puede interpretar únicamente desde el punto de vista personal. Como si fuera solo cuestión de la mala voluntad puntual o coyuntural de algunas personas, políticos, gobernantes o empresarios. La corrupción, como el mal y el pecado, se contextualizan y cristalizan en la cultura y en las estructuras sociales, políticas o económicas. Como nos muestra la Doctrina Social y el Papa Francisco, “así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca. Si cada acción tiene consecuencias, un mal enquistado en las estructuras de una sociedad tiene siempre un potencial de disolución y de muerte. Es el mal cristalizado en estructuras sociales injustas, a partir del cual no puede esperarse un futuro mejor. Estamos lejos del llamado «fin de la historia», ya que las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente planteadas y realizadas. Los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la iniquidad es doblemente dañino del tejido social.

Así la iniquidad genera tarde o temprano una violencia que las carreras armamentistas no resuelven ni resolverán jamás. Sólo sirven para pretender engañar a los que reclaman mayor seguridad, como si hoy no supiéramos que las armas y la represión violenta, más que aportar soluciones, crean nuevos y peores conflictos. Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los países pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la solución en una «educación» que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos. Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países –en sus gobiernos, empresarios e instituciones– cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes
” (EG 59). Como se observa, el Papa Francisco nos ha mostrado la gravedad y mal profundo que es la práctica de la corrupción, enmarcándola en las relaciones sociales, políticas y económicas. En este sentido, más recientemente, el Papa ha manifestado que “la escandalosa concentración de la riqueza global es posible a causa de la complicidad de los responsables de la cosa pública con los poderes fuertes” (Roma, 23 de Octubre del 2014).

La corrupción, pues, está localizada y es consecuencia de la actual ideología y sistema económico-político dominante, el neo-liberalismo capitalismo, el capitalismo, ya hoy global, que es por esencia injusto e inhumano. Ya que, como nos muestra el Papa, “defiende la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta” (EG 56).

El individualismo, los ídolos del mercado y del beneficio, los dioses actuales del poder y la riqueza, que impone el modelo neoliberal y capitalista produce por sistema, de forma consustancial, la corrupción que expresa la dictadura e idolatría de la ganancia, del lucro y de la competitividad mercantilista. Todo ello, como nos muestra el Papa y recientes estudios e informes sociales como los de Cáritas-FOESSA U Oxfam Intermón, está produciendo cada vez más desigualdad e injusticia social-global en forma de pobreza en extensión e intensidad, paro y explotación laboral (trabajo basura e indecente), exclusión y, como consecuencia de todo ello, más violencia o muerte (guerras, suicidios, destrucción ecológica…). Como muestran estos informes y estudios, este modelo y sistema corrupto e injusto del capitalismo, que corrompe la misma democracia, lleva a que los recursos y bienes de todo tipo: se concentren en cada vez más menos manos; es la acumulación de la riqueza, de los ricos, cada vez más enriquecidos y con más poder, a costa de que aumente la pobreza, la miseria y el hambre en el mundo. Lo cual ha llevado, en todo estos lustros de desigualdad e injusticia, a que los pobres de la tierra hayan tomando conciencia, espiritual y moral, de esta realidad social e histórica injusta y de opresión. Y se hayan ido asociando, organizándose y movilizándose a través de los diversos movimientos sociales, ciudadanos y populares.

Lo que ha llevado a realizar el tan importante encuentro que tuvo el Papa, en Roma, con estos movimientos populares y sociales, con los pobres de la tierra, organizado por el Consejo Pontificio Justicia y Paz y la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. En este Encuentro, el Papa hizo un discurso memorable con un apoyo, colaboración y comunión profunda con dichos movimientos. Promoviendo el protagonismo de los pobres en sus luchas por la paz y la justicia, por su promoción y desarrollo liberador e integral; frente a todo paternalismo y asistencialismo que no impulsa este protagonismo de los pobres y no va a las causa estructurales de la pobreza, a las estructuras sociales internacionales (políticas, económicas..) de pecado e injusticia. El Papa nos mostró que “este encuentro de Movimientos Populares es un signo, es un gran signo: vinieron a poner en presencia de Dios, de la Iglesia, de los pueblos, una realidad muchas veces silenciada. ¡Los pobres no sólo padecen la injusticia sino que también luchan contra ella!

No se contentan con promesas ilusorias, excusas o coartadas. Tampoco están esperando de brazos cruzados la ayuda de ONGs, planes asistenciales o soluciones que nunca llegan o, si llegan, llegan de tal manera que van en una dirección o de anestesiar o de domesticar. Esto es medio peligroso. Ustedes sienten que los pobres ya no esperan y quieren ser protagonistas, se organizan, estudian, trabajan, reclaman y, sobre todo, practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar.

Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre, yo diría que algunas veces la hemos transformado en una mala palabra, no se puede decir; pero es una palabra mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero: los desplazamientos forzados, las emigraciones dolorosas, la trata de personas, la droga, la guerra, la violencia y todas esas realidades que muchos de ustedes sufren y que todos estamos llamados a transformar. La solidaridad, entendida, en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares. Este encuentro nuestro no responde a una ideología. Ustedes no trabajan con ideas, trabajan con realidades como las que mencioné y muchas otras que me han contado… tienen los pies en el barro y las manos en la carne. ¡Tienen olor a barrio, a pueblo, a lucha! Queremos que se escuche su voz que, en general, se escucha poco. Tal vez porque molesta, tal vez porque su grito incomoda, tal vez porque se tiene miedo al cambio que ustedes reclaman, pero sin su presencia, sin ir realmente a las periferias, las buenas propuestas y proyectos que a menudo escuchamos en las conferencias internacionales se quedan en el reino de la idea, es mi proyecto.

No se puede abordar el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos. Qué triste ver cuando detrás de supuestas obras altruistas, se reduce al otro a la pasividad, se lo niega o peor, se esconden negocios y ambiciones personales: Jesús les diría hipócritas. Qué lindo es en cambio cuando vemos en movimiento a Pueblos, sobre todo, a sus miembros más pobres y a los jóvenes. Entonces sí se siente el viento de promesa que aviva la ilusión de un mundo mejor. Que ese viento se transforme en vendaval de esperanza. Ese es mi deseo. Este encuentro nuestro responde a un anhelo muy concreto, algo que cualquier padre, cualquier madre quiere para sus hijos; un anhelo que debería estar al alcance de todos, pero hoy vemos con tristeza cada vez más lejos de la mayoría: tierra, techo y trabajo. Es extraño pero si hablo de esto para algunos resulta que el Papa es comunista. No se entiende que el amor a los pobres está al centro del Evangelio. Tierra, techo y trabajo, eso por lo que ustedes luchan, son derechos sagrados. Reclamar esto no es nada raro, es la doctrina social de la Iglesia
” (Discurso del Papa a los Movimientos Populares, Roma, 28 de Octubre del 2014)

Los movimientos populares, en su declaración final, agradecieron hondamente al Papa y a la iglesia la realización de este encuentro y su discurso. Con “el invalorable aporte de la Iglesia Católica que en cabeza del Papa Francisco permitió su realización, nos detuvimos para analizar en el marco de nuestras realidades el imprescindible aporte de la doctrina social de la iglesia y el pensamiento de su pastor para la lucha por la justicia social… Se compartieron las cifras horrorosas de la desigualdad y la concentración de la riqueza en manos de un puado de megamillonarios. Los panelistas y oradores coincidieron en que debe buscarse en la naturaleza inequitativa y depredatoria del sistema capitalista que pone el lucro por encima del ser humano la raíz de los males sociales y ambientales. El enorme poder de las empresas trasnacionales que pretenden devorar y privatizarlo todo –mercancías, servicios, pensamiento– son primer violín de esta sinfonía de la destrucción
”. De esta forma, se realiza lo que el Papa nos enseña, que la iglesia es la iglesia pobre con los pobres en su misión del Reino y su amor, paz y justicia.

Agustín Ortega Cabrera (Centro Loyola e ISTIC)
Subdirector del Centro Loyola, Centro Fe-Cultura-Justicia de los Jesuitas (Las Palmas de GC) y Profesor en el ISTIC (Departamento de Filosofía y Ciencias Humanas). Ha cursado los estudios de Trabajo social (Diplomado), Filosofía y Teología (Licenciado en EE., Teología Sistemática), Moral (Experto Universitario) y Ciencias Sociales (DEA y Doctor por el Departamento de Psicología y Sociología, ULPGC)

Noviembre 2014

Vea también:
- Política, Dignificar la acción... - HOAC
- Formación justicia social
- Solidaridad




Política, Dignificar la acción... - HOAC | Corrupción en la sociedad

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