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PARO, POBREZA, CRISIS: APUNTES DE ECONOMÍA ÉTICA
 



 

PARO, POBREZA Y CRISIS: APUNTES DE ECONOMÍA ÉTICA

Agustín Ortega Cabrera
Subdirector del Centro Loyola (Las Palmas de GC.) y Profesor del ISTIC.

Estremecedores los datos y cifras que nos llegan sobre el paro, el empobrecimiento y la exclusión social, en España y en el resto del mundo, a causa de esta injusta crisis generada, una vez más, por el inhumano capitalismo que es por esencia inmoral. Es hora de que todo/as intentemos hablar claro, que digamos las cosas por su nombre, que desde la compasión solidaria en el compromiso por la justicia: veamos y analicemos la realidad; pongamos nombre y rostro concretos a cada una de las personas y familias que, detrás de las frías estadísticas, están sufriendo y muriendo por todas estas (las mayores) lacras que sufre la humanidad. A saber, el hambre y la miseria, la esclavitud infantil y la precariedad (explotación) laboral, el paro y la marginación, la exclusión social. Esta contemplación y análisis de la realidad hay que intentar hacerlo de una forma cualificada, crítica y ética, en una praxis y compromiso por la justicia con los pobres de la tierra (empobrecidos y oprimidos, excluidos y víctimas de la historia).

Como nos muestran los simples hechos y los estudios de todo tipo, el paro o la explotación laboral asociados inseparablemente a la pobreza y la miseria: son causados por ideologizaciones y relaciones humanas, estructuras y sistemas sociales que generan de formas sistemática, permanente injusticia y desigualdad social, opresión y exclusión. Actualmente, la ideologización y sistema que domina al mundo, el neoliberalismo/capitalismo, cada vez más, constantemente aumenta estas desigualdades sociales e injusticia global. En donde los ricos y poderosos, con sus empresas multinacionales y corporaciones-bancarias, roban y acumulan más y más bienes, recursos de todo tipo, a costa de que los grupos sociales y pueblos más pobres se ven sepultados, de forma creciente, en este abismo de desigualdad y, como consecuencia, del hambre, la miseria y el empobrecimiento. El capitalismo, actualmente global y que es, en especial, de tipo financiero-especulativo con su individualismo salvaje y sus ídolos del mercado, del beneficio y la competividad, con sus balances y ajustes..., erigidos como dioses: sacrifica a personas, familias y pueblos en el altar de esta especulación y usura financiera; con sus injustas crisis, ilegítimas deudas (endeudamiento) e inmorales recortes sociales que atentan contra la más elemental vida digna y derechos humanos.

Estos poderes trasnacionales de la globalización del neoliberalismo/capitalismo, el mayor poder que haya conocido la historia, para mantener sus privilegios e intereses impone el relativismo individualista y la alienación, la resignación y la geopolítica de la desesperanza. El “no se puede hacer nada”, “no se puede cambiar las cosas (el mundo)”, “es lo que hay, el no sé que hacer o creer” (no hay verdades, principios y criterios firmes), etc. son algunos de los lemas de nuestras sociedades liquidas (licuadas por este poder económico-político), por esta cultura del post-modernismo rampante (del individualismo, relativismo, psicologismo…). El fin de la historia, el capitalismo como el mejor de los mundos, con sus pesadillas en forma de crisis y recortes, es el mejor de los mundos posibles. La cultura neoliberal-burguesa es la cima de nuestras democracias… Y así tantos y tantos “dogmas de fe”, tantos estereotipos y mentiras que nos quiere imponer esta cultura del individualismo y relativismo capitalista-burgués, a través de sus medios de comunicación y de centros de opinión, de colegios y universidades. Aunque, quede claro, rechazamos por igual el comunismo tipo leninista.

La falta de educación-formación real, unida a la mentira e intoxicación de toda esta cultura capitalista, nos impide ver que en lo mejor del pensamiento y de la filosofía, de las ciencias sociales o humanas, tales como la sociología o la economía: existe otra realidad, verdad real, propuestas y criterios o alternativas; otra cultura y educación más seria y cualificada, más crítica y ética, más humanizadora, liberadora y espiritual. Toda una veta de humanismo moral y espiritual, de personalismo comunitario que nos muestra, por ejemplo, que el sentido y la finalidad de la economía es ético. Esto es, satisfacer las necesidades básicas de todos los seres humanos, asegurar las condiciones humanas y sociales que nos perfeccionan- el bien común-, hacer posible la sostenible producción, la justa distribución y el consumo ético de los bienes y recursos para toda la humanidad. Ahí tenemos a autores clásicos de la economía y del pensamiento social como Aristóteles y San Agustín, Tomás de Aquino y la escuela de Salamanca, hasta (a su manera) el mismo A. Smith, tergiversado por el neoliberalismo, o en la actualidad premios Nobel como A. Sen o J. Stiglitz. Todos estos autores, con sus matices o enfoques, comprenden la economía en un marco ético, jurídico y político que haga posible el dar respuesta estas necesidades humanas, al bien común y a la justicia (distributiva, social y global).

En lo mejor y más cualificado de todo este pensamiento ético-económico o social, como el humanismo o personalismo y otros autores como Mounier o el mismo Ellacuría, se tiene claro toda esta serie de claves esenciales para la economía. Como el anteponer la moral al mercado. La prioridad del destino universal de los bienes sobre la propiedad (privada) que tienen un carácter social. La superioridad del trabajo (el trabajador como sujeto digno y realizado) sobre el capital (medios de producción, beneficio…). La socialización de este capital, de trabajo y la empresa, entendida ésta empresa de forma comunitaria (como comunidad humana) y cooperativista (economía social), para realizar una real democracia económica. La inmoralidad de una economía financiera usurera y especulativa (ficticia e irreal), con su bolsa y acciones, su créditos e intereses (abusivos e injustos, usureros). Lo cual debe erradicarse y dejar paso a una economía real, sostenible, que favorezca el crédito e inversión para creación de empleo y un desarrollo humano, ecológico, que es el auténtico sentido y finalidad de las finanzas. Todo esto nos lo transmite, asimismo, la enseñanza social de la iglesia.

El estado social de derecho-s, a nivel mundial o global, es irrenunciable y consustancial a toda economía y verdadera democracia. La calidad democrática, real, se mide con criterios sociales y éticos básicos. Tales como un trabajo decente con un sistema laboral justo, con seguridad social, suficientes prestaciones por desempleo y pensiones adecuadas..., en donde se reparta bien el trabajo y la actividad productiva. Una fiscalidad solidaria y equitativa, para que contribuyan más lo que mas tienen (empresas, patrimonios más altos, capitales, finanzas…) y se erradiquen los inmorales paraísos fiscales, amnistías fiscales y demás injusticias tributarias. Unos servicios públicos de calidad que aseguren los derechos humanos y sociales. Como son la alimentación y el agua, la educación y la cultura, la sanidad y los medicamentos, la vivienda e infraestructuras o equipamientos básicos (electricidad y transportes, saneamientos, entornos saludables y ecológicos..); y, con especial atención, garantizar unos servicios sociales generales y específicos, que sean públicos, adecuados, con rentas básicas, salarios sociales u otras prestaciones. Unos servicios sociales de calidad para la infancia y la familia, para los jóvenes, la mujer y mayores, para personas con diversidad funcional con ciudades accesibles y sin barreras, para personas con adicciones y en riesgo de exclusión social. Esto en el marco de un desarrollo comunitario y participación ciudadana o social. Todo lo anterior, igualmente, es impensable, subrayamos, sin un sistema financiero-bancario ético que acabe con la especulación financiera que genera crisis como la nuestra, que destruye la economía y el empleo real. Y en donde sea accesible el crédito, de forma justa, para la creación de empleo y empresas- sobre todo, de economía social y cooperativa-, para la adquisición de bienes necesarios como viviendas u otros enseres. Lo cual, asimismo, mediante este intercambio y comercio posibilitado por el crédito y el empleo de calidad, como por ejemplo salarios suficientes: posibilita la reactivación y dinamización de la economía, pero siempre contando con los límites éticos y ecológicos.

Lo que hemos visto aquí, todas estas claves y propuestas de economía ética, que están claras y consolidadas hoy en las ciencias o estudios sociales: acabaría fácil y rápidamente con la crisis y el paro, la pobreza y el hambre. Siempre que se haga a nivel global, con instituciones internacionales, mundiales. Tal como corresponde a nuestro mundo globalizado y así evitar, por igual, injusticia internacionales del tipo de las deslocalizaciones con la explotación laboral que conlleva (hasta de la infancia), fuga de capitales y paraísos fiscales, etc. La raíz para lograr todo lo anterior es una renovada espiritualidad y ética, una mentalidad o conciencia y cultura basada en la pobreza solidaria, el vivir de forma sobria y austera, para hacer posible el compartir con los demás, el extirpar de raíz los ídolos de la riqueza, del querer ser rico y del poder. Una cultura ética del vivir y del consumo justo y responsable, del compromiso por la justicia y la esperanza de que otro mundo es posible, así nos lo muestra la historia y el Espíritu. Ahí tenemos el testimonio ejemplar de todo el movimiento obrero y social, artífice de toda esta cultura solidaria y social, moral y espiritual, con la aportación decisiva de la fe con organizaciones como la JOC, la HOAC, las comunidades de base, etc.

(Abril 2013)

Vea también:
- Doctrina social: Textos del Magisterio
- Formación justicia social
- Solidaridad




Doctrina Social de la Iglesia para este momento | Trabajo y los católicos

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