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TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN Y MAGISTERIO/DS DE LA IG
 



 

TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN Y MAGISTERIO/DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

El actual Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, G. L. Müller, acaba de publicar dos obras recientes y conjuntas con el teólogo peruano, sacerdote y religioso dominico Gustavo Gutiérrez, Del lado de los pobres, Madrid, 2013, y Pobre para los pobres, Roma, 2104. Como es sabido, Gutiérrez es considerado como el padre de la Teología de la Liberación (TL), una de las corrientes teológicas contemporáneas más significativas de nuestra época contemporánea, nacida en América Latina a finales de los años 60. Con teólogos tan reconocidos como el mismo Gutiérrez o I. Ellacuría SJ, uno de los conocidos mártires de la UCA (El Salvador), que contribuyeron a forjar dicha teología, surgida en las conocidas como Comunidades Eclesiales de Base. En esta primera importante y profunda obra, Del lado de los pobres, Müller reconoce y realza lo más valioso de esta teología, en continuidad con lo más significativo de la teología contemporánea. Tal como la teología de la gracia, con sus dimensiones sociales, transformadora y liberadora en el amor fraterno y la justicia con los pobres; el inherente carácter social, público y transformador-liberador de la fe y de la gracia. La mediación de las ciencias sociales o humanas, para el imprescindible contexto o análisis de la realidad social e histórica en el que se debe situar la fe, la misión y la teología. La aportación a este análisis y mediación socio-analítica de teorías sociales criticas, como las de Marx, la teoría de la dependencia o las injusticias sociales-globales Norte-Sur…, con las que la fe y la teología debe dialogar acogiendo todo lo bueno y verdadero de las mismas, y señalando sus carencias o límites. Por este acontecimiento, algunos han dicho, de forma imprecisa, que ahora la iglesia rehabilita a la TL que había sido condenada por Roma, lo cual no es así como vamos a ver a continuación.

En 1984, la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicaba Libertatis Nuntius “Instrucción sobre algunos aspectos de la 'Teología de la liberación” (LN). Algunos por desconocimiento, otros para tergiversar y manipular dijeron que Roma había rechazado la TL. No era cierto, en este documento sólo se señalan los posibles límites y matices a la TL- nacida como vimos en América Latina a finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo pasado-, que como toda reflexión teológica no es perfecta ni acabada en el tiempo. Ya, en la introducción de esta Instrucción, se dejaba claro y se valoraba lo que late en el corazón de la TL, de la misma fe: “El Evangelio de Jesucristo es un mensaje de libertad y una fuerza de liberación.En los últimos años esta verdad esencial ha sido objeto de reflexión por parte de los teólogos, con una nueva atención rica de promesas. La liberación es ante todo y principalmente liberación de la esclavitud radical del pecado. Su fin y su término es la libertad de los hijos de Dios, don de la gracia. Lógicamente reclama la liberación de múltiples esclavitudes de orden cultural, económico, social y político, que, en definitiva, derivan del pecado, y constituyen tantos obstáculos que impiden a los hombres vivir según su dignidad. Discernir claramente lo que es fundamental y lo que pertenece a las consecuencias es una condición indispensable para una reflexión teológica sobre la liberación….”

Frente a dichas manipulaciones y tergiversaciones, como se observa la LN acoge lo mejor de esta TL y advierte que este documento “de ninguna manera debe interpretarse como una desautorización de todos aquellos que quieren responder generosamente y con auténtico espíritu evangélico a «la opción preferencial por los pobres». De ninguna manera podrá servir de pretexto para quienes se atrincheran en una actitud de neutralidad y de indiferencia ante los trágicos y urgentes problemas de la miseria y de la injusticia. Al contrario, obedece a la certeza de que las graves desviaciones ideológicas que señala conducen inevitablemente a traicionar la causa de los pobres. Hoy más que nunca, es necesario que la fe de numerosos cristianos sea iluminada y que éstos estén resueltos a vivir la vida cristiana integralmente, comprometiéndose en la lucha por la justicia, la libertad y la dignidad humana, por amor a sus hermanos desheredados, oprimidos o perseguidos. Más que nunca, la Iglesia se propone condenar los abusos, las injusticias y los ataques a la libertad, donde se registren y de donde provengan, y luchar, con sus propios medios, por la defensa y promoción de los derechos del hombre, especialmente en la persona de los pobres”.

En 1986, la Congregación para la Doctrina de la Fe, daba a conocer el segundo documento sobre la TL, Libertatis Consciencitia (LC), “Instrucción sobre libertad cristiana y liberación", donde se muestran más los aspectos positivos y valiosos de la TL e indica que estos dos documentos son inseparables, se han de ver en conjunto (LC 2). De nuevo, en el principio del documento, se señala lo que constituye la esencia de la TL, lo más valioso de la misma: “la conciencia de la libertad y de la dignidad del hombre, junto con la afirmación de los derechos inalienables de la persona y de los pueblos, es una de las principales características de nuestro tiempo. Ahora bien, la libertad exige unas condiciones de orden económico, social, político y cultural que posibiliten su pleno ejercicio. La viva percepción de los obstáculos que impiden el desarrollo de la libertad y que ofenden la dignidad humana es el origen de las grandes aspiraciones a la liberación, que atormentan al mundo actual. La Iglesia de Cristo hace suyas estas aspiraciones ejerciendo su discernimiento a la luz del Evangelio que es, por su misma naturaleza, mensaje de libertad y de liberación” (LC 1). La instrucción nos enseña como la vida y Pascua de Jesús, el Evangelio se realiza desde los pobres en una liberación integral, del sufrimiento, injusticia y del pecado, que culmina en la vida plena, eterna (LC 50-51). Y continuando esta misión Cristo, la misión de la iglesia se realiza en el amor preferencial por los pobres: “los oprimidos por la miseria son objeto de un amor de preferencia por parte de la Iglesia que, desde los orígenes, y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviarlos, defenderlos y liberarlos..; mediante su Doctrina Social (DSI), cuya aplicación urge, la Iglesia ha tratado de promover cambios estructurales en la sociedad con el fin de lograr condiciones de vida dignas de la persona humana” (LC 68).

La TL y la DSI convergen en la entraña y claves de la fe, de espiritualidad y la moral: la Gracia de Dios desde el Don del amor fraterno, pobreza solidaria y justicia con los pobres (LC 64-68); la defensa de la vida y dignidad de las personas; la solidaridad que transforma integralmente los corazones y las estructuras sociales injustas, de pecado y opresoras, para liberarnos de la riqueza y el poder (LC 74-75); el destino universal de los bienes, en unas relaciones internacionales justas (LC 90), por encima de la propiedad privada; la prioridad del trabajo, de la dignidad del trabajador sobre el capital (LC 84-87). Y es que el Magisterio de la Iglesia hace mucho que acogió y reconoció todo lo bueno de la TL. En 1975, Pablo VI en la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi (EN) acoge claramente la TL, y enseña que el Evangelio es un mensaje de liberación, inseparable de promover esta liberación integral, de la promoción de la justicia, de los derechos humanos y del desarrollo social (EN 29-31) Y dijo sobre las comunidades de base, donde como señalamos se forjó esta TL, que “serán un lugar de evangelización en beneficio de las comunidades más vastas, especialmente de las Iglesias particulares, y serán esperanza para la Iglesia universal”(EN 58).

El Papa Pablo VI acogía y refrendaban a los Obispos Latinoamericanos, que ya en las Conferencias Episcopales primero de Medellín (1968) y, posteriormente en Puebla (1979), hasta llegar a Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007): han recogido todo este clamor evangélico del amor y justicia liberadora con los pobres, proveniente de las comunidades de base y de sus iglesias locales. Estas Conferencias, que son una aplicación fiel del Vaticano II en el contexto latinoamericano, y sus Obispos fecundaron de forma decisiva la TL, con su mensaje y praxis de paz, de amor fraterno y de justicia social con los pobres; frente a la injusticia y, como consecuencia, la violencia que sufrían sus pueblos, crucificados en la pobreza y miseria extrema. De esta forma, en 1986 Papa Juan Pablo II escribió que: "estamos convencidos nosotros y ustedes de que la Teología de la Liberación es no sólo oportuna sino útil y necesaria" (Carta a la Conferencia Episcopal de Brasil). Más tarde, en 1990, el Papa reconocía de nuevo a las "comunidades eclesiales de base como fuerza evangelizadora y que dan una gran esperanza para la vida de la Iglesia" (Encíclica RM 51). Un años más tarde, en lo que sería su ultima y definitiva Encíclica social, Juan Pablo II subrayó el “valor positivo de una auténtica teología de la liberación humana integral” (CA 26).

En 1994, los Obispos Españoles, pertenecientes a la Comisión Episcopal de Pastoral Social, publicaron un memorable e imprescindible documento, La iglesia y los Pobres (IP), donde se recogía y profundizaba todas estas claves y enseñanzas que hemos visto hasta aquí. Y en particular, en una muy buena síntesis de lo ya visto, mostraban como "en este sentido, la teología de la liberación ha sido en la Iglesia del post-concilio un grito profético en favor de la liberación de tantos oprimidos por el peso de las estructuras políticas, culturales, sociales y económicas. El Papa ha invitado a realizar un discernimiento de dicha teología para mejorarla, potenciando sus valores y corrigiendo sus posibles defectos, que pueden darse y se dan como en toda obra humana" (IP, 143). Como se ve por todos estos textos, el magisterio de la iglesia hace mucho que acogió y reconoció todo lo bueno de la
TL, que se ha fecundado con lo más valioso de la teología y espiritualidad contemporánea. Como la de la
JOC con Cardijn o la de la HOAC con Rovirosa….Con los grandes maestros de la teología como Chenu y De Lubac, Rahner y Congar, Häring y Alfaro etc. que tuvieron una aportación decisiva en el Concilio Vaticano II. Por ejemplo, el considerado teólogo más importante de la época contemporánea, el jesuita K. Rahner, cuyo magisterio siguió y profundizó de forma admirable el también jesuita I. Ellacuría, valoró y alabó la teología del conocido como padre de la TL, el dominico Fr. Gustavo Gutiérrez (peruano). El teólogo dominico estuvo muy influido por el movimiento apostólico obrero, con maestros de la talla de Congar o Rovirosa y, como se sabe, es amigo y admirado por G. L. Müller, el actual Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe. Y es que como se ha dicho con razón, la TL es una teología de la tradición y los Santos Padres y Doctores de la iglesia, como S. Juan Crisóstomo, S. Ambrosio o S. Agustín fueron los pioneros de la TL.

Efectivamente, si uno estudia y conoce esta etapa llamada Patrística, en especial la “Patrología Social”. Y el resto de la tradición de la iglesia, con los Doctores y Maestros como S. Tomás de Aquino, F. de Vitoria y D. Soto, J. de Mariana o F. Suárez y el mismo Bartolomé de Las Casas: verá como está en el corazón de la fe y es una contante esencial en la tradición de la iglesia claves como que la salvación se realiza el amor, en la pobreza solidaria y en la justicia con los pobres. El Dios encarnado en Cristo Pobre y Crucificado se encuentra presente (sacramentalmente), de forma solidaria, en los pobres y oprimidos. La dimensión material, corporal y social de la fe y de la caridad, del pecado y de la salvación liberadora integral. La inmoralidad de la riqueza, del ser rico y del poder. El destino universal de los bienes por encima de la propiedad, de la posesión. El que la vida y la subsistencia, como la de los pobres, permite apropiarse de los bienes sin que pueda ser considerado como robo. Ya que a quien se encuentran en necesidad, y como los bienes son comunes, hay que restituirle en justicia lo que le han usurpado los ricos a estos pobres; esto es, todo aquello que estrictamente no necesitan para vivir. La principal violencia, lo que genera el odio, las guerras y el rencor es la opresión e injusticia social, la desigualdad entre los ricos y pobres, y que por tanto la paz supone la justicia, la solidaridad y el desarrollo integral.

Todas estas claves de la tradición de la Iglesia las actualizan y la profundizan la TL fecundada mutuamente con la misma DSI. Por ejemplo, la TL y la DSI nos enseñan el proyecto de Jesús, el Reino de Dios con su amor y justicia liberadora con los pobres. Nos proponen una espiritualidadde encarnación, con una mirada mística y ética desde el clamor de los pobres en el Evangelio del Dios, Encarnado, en Cristo Pobre y Crucificado. Una oración y contemplación en la acción social por la justicia liberadora con los pobres. El Misterio de Dios, La Trinidad como entraña y paradigma o modelo de la comunidad, de la humanidad y del mundo, en unas relaciones de libertad, solidaridad y justicia. La relación de la liturgia y los sacramentos con la vida, con la existencia entregada por el amor y justicia con los pobres. La inter-relación inseparable entre la caridad y la justicia, la caridad que es constitutivamente política en la búsqueda del bien común y de la justicia social con los pobres, frente a todo orden injusto. La co-relación intrínseca entre la escatología, la salvación trascendente y la ética-política o liberaciones socio-históricas (integral), entre el pecado personal y el estructural, las estructuras sociales de pecado, perversas e injustas. El método espiritual y teológico-pastoral, más encarnado e inductivo, del “Ver-Juzgar-Actuar”, el encuentro entre la realidad y el Evangelio, partiendo del conocimiento de dicha realidad con la mediación imprescindible de las ciencias sociales.

La deslegitimación moral de las ideologías y sistemas imperantes, como el inmoral neoliberalismo, el injusto capitalismo y el totalitario comunismo colectivista, el opresor colectivismo. Estas ideologizaciones y tergiversaciones que se han hecho sobre la TL, a las que no referíamos al principio, han dicho que si era marxista, etc. Y, después, de todo lo visto, nos preguntamos irónicamente ¿si es que acaso el marxismo hablaba de Dios, de la gracia, de la espiritualidad y de la mística, de la vida eterna…? Es claro que no y lo que sí nos mostraba la TL y la Iglesia es a todos estos mártires, testimonios de fe y de santidad como Mons. Romero y H. Cámara, alabados por el propio Juan Pablo II, los jesuitas L. Espinal, Ellacuría y el resto de los mártires de la UCA, etc. A pesar de más tergiversaciones, el actual Papa Francisco sintoniza con lo mejor de esta TL, como muestra su admiración y reconocimiento por autores como R. Telloo el jesuita J.C. Scannone uno de los principales autores de la TL y de la filosofía de la liberación. Terminamos recomendado la lectura de Ecclesia in America (EA) de Juan Pablo II, un maravilloso documento que se hace eco de toda esta TL y la DSI. Y en donde el Papa propone la globalización de la solidaridad y la justicia con los pobres, frente al neoliberalismo y su injusticia global, pecado que clama al cielo (EA 55-56).

Agustín Ortega Cabrera (Centro Loyola e ISTIC)
Subdirector del Centro Loyola, Centro Fe y Cultura de los Jesuitas (Las Palmas de GC) y Profesor en el ISTIC (Departamento de Filosofía y Ciencias Humanas). Ha cursado los estudios de trabajo social (Diplomado), Filosofía y Teología (Licenciado en EE., Teología Sistemática), Moral (Experto Universitario) y Ciencias Sociales (DEA y Doctor por el Departamento de Psicología y Sociología, ULPGC)

Febrero 2014

Vea también:
- Doctrina social de la Iglesia: ¿Qué es la...?
- Doctrina social: Textos del Magisterio
- Doctrina Social Iglesia: Textos olvidados
- Formación justicia social
- Formación espiritual
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