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HISTORIA: XIII JORNADA IGLESIA EN CANARIAS- 2
 

XIII JORNADA DE HISTORIA DE LA IGLESIA EN CANARIAS
Crónica del segundo día: martes, 2 de marzo de 2010

"La sociedad española no ha vivido un proceso de reconciliación"
Cristóbal Robles, miembro del Consejo de Investigaciones Científicas

La tarde del martes, segundo día en las jornadas , comienza con la intervención de Cristóbal Robles, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Su ponencia lleva como título: "La Santa Sede y la crisis política en España (1923-1931). Algunos episodios".
Comienza con algunos actores de esta época entre los que señala a Tedeschini, López Bru, Severino Aznar, Pedro Segura, Angel Herrera y José Domingo Gafo. Federico Tedeschini , nuncio en España de 1922 a 1936. Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas, entendió las implicaciones sociales del catolicismo. Severino Aznar en abril de 1924 editó una revista. Renovación Social”. El grupo que estaba con él quería acabar con la injusticia, el dolor, el malestar, la rebeldía, el desorden. “Somos posibilistas”. Estaban por la evolución. Pedro Segura, joven obispo de Coria, arzobispo de Burgos y luego primado de España. Editó Extremadura, periódico católico. Denuncia “el estado retrógrado en que se halla la moral periodística. Ángel Herrera,funcionario excedente del ministerio de Hacienda, está en el grupo fundacional de la Asociación Católica Nacional de Jóvenes Propagandistas (ACNJP).organización laical, independiente de la Jerarquía,promotora de la presencia de los católicos en la vida pública y con una mirada positiva sobre la realidad. Sacerdote, obispo de Málaga, cardenal.Han dicho que no amaba las instituciones. Le importaba sobre todo formar personas. La vinculación entre Tedeschini y Ángel Herrera es decisiva para entender lo que se hizo y cuanto se frustró en 1936. El Debate y la Editorial Católica fue una matriz de empresas editoriales. Solo queda la Biblioteca de Autores Cristianos. Creyó en el modelo de Acción Católica creado por Pío XI. Esa super-confesionalización de la Acción Católica hizo posible la aconfesionalidad en las demás instituciones católicas: La Acción Católica está por encima de los partidos. No puede dirigir la Acción Católica quien conozca superficialmente el mundo en que vive. José Domingo Gafo expuso en enero de 1928, su análisis de la situación. La generación actual es hija de padres totalmente incrédulos o sectarios y a penas se conservan en muchos sitios vestigios de la religión cristiana. Las obras de la Acción Católica han de ser “forzosamente confesionales a banderas desplegadas”.

Otro punto de la conferencia del doctor Robles es trabajar unidos y luchar pacíficamente por la concordia y la libertad.El 28 de noviembre de 1926, en su encíclica Iniquis affilctisque al episcopado, al clero y a los católicos de México, denunció Pío XI que unos “pocos” hubieran quitado la libertad de la mayoría. Llamó a todos a trabajar unidos y luchar de forma pacífica por la concordia y la libertad.Bajo el peso de la conquista, en resumen se trata de cristianizar el Estado que, según las enseñanzas de Cristo y de los Papa, no puede ser laico y hay que bautizarlo de católico.La Juventud Católica debe realizar esa “rectificación de las conciencias”. Para desgracia de España y de la Iglesia introdujeron ese error hombres de doble vida: conciencia privada cristiana y una vida pública laica.
El 13 de septiembre de 1923 se produjo el golpe de estado de Primo de Rivera. Uno de los problemas fue encarar el catalanismo. Estas fueron las conclusiones del nuncio Tedeschini en diciembre de 1922: discreción suya en el trato con las autoridades y entidades que protestan sobre decisiones; inspirar confianza de las autoridades e instituciones catalanistas hacia la Santa Sede prometiendo que transmitiría sus quejas al Papa; los obispos de Cataluña creen que la separación de Cataluña es inevitable;decir a los obispos que no modifiquen las costumbres y dejen que las cosas sigan como están. Las medidas de la Dictadura y la respuesta de los catalanistas fue uno de los episodios en los que intervino la Santa Sede. No impuso obispos no catalanes.

Seguidamente, en la conferencia se presenta la Acción Católica y la independencia de la Iglesia. El 31 de octubre de 1926 aprobó el cardenal Reig Casanovas los “Principios y bases para la reorganización de la Acción Católica Española”, que orientarán su actividad durante la II República. Tras la expulsión de Segura se aprueban unas nuevas en 1932. El modelo Reig era según Montero García, “ambiciosamente totalizador”.
Ángel Herrera aportará estas rectificaciones: dirección colegiada. Todos los arzobispos, no el primado y diferenciar Acción Católica y acción social y profesional. Se daba luz verde a la sindicación no confesional, hasta entonces mal vista.
No era posible una nueva dictadura, porque la nación debe regresar a la normalidad. Una dictadura debe ser siempre un recurso excepcional. Un regreso a lo anterior sería caer en una forma que se había mostrado ineficaz para gobernar. Por eso había que ir a un gobierno de transición.
Según Primo de Rivera, , la dictadura dejaba resueltos cuatro graves problemas: el terrorismo político y sindical, Marruecos, el equilibrio presupuestario y el catalanismo. En este último agradeció al nuncio la colaboración de la Santa Sede.

Otro de los puntos de esta ponencia es la transición: restablecer la normalidad manteniendo la calma. El conservadurismo optimista de los católicos independientes les llevó a aceptar el horizonte abierto tras la caída de Primo de Rivera. Todo el sentimiento civil de España habría de ponerse en pie y con toda urgencia.”
Se necesitaba una Constitución totalmente nueva. Ortega y Gasset insistió en lo que era una de sus ideas claves: nacionalizar el Estado. Se necesitaba un “enorme partido arrollador”, no en el sentido nacionalista, sino capaz de nacionalizar el estado español. Eso significaba: instaurar la plena decencia en la vida pública, es decir, en imponer a todos los españoles la voluntad de convivir unos con otros, sean quienes sean unos y otros; que por encima y por debajo de todas las luchas propias a la natural disensión humana, triunfe la resolución nacional de convivencia”.

Otra parte de la disertación es sobre Tedeschini, el Cardenal Segura y la Acción Católica. Pío XI puso en marcha un nuevo modelo de intervención asociada de los católicos: la Acción Católica de Pío XI, que dirigida por la Jerarquía estaba más allá de la política, fuera de ella, por encima de ella.
La simpatía del cardenal Segura con carlistas e integristas lo llevaba en dirección opuesta. La Acción Católica ha de “formar un gran partido católico con aspiraciones dominadoras”.
Con la autoridad de Pío XI, recuerda el cardenal Segura que los católicos no deben dejar en manos de sus enemigos el gobierno y administración de la sociedad.
Tedeschini comentó que el cardenal había cometido dos errores: hablar a todos los católicos, como si los otros obispos nada tuvieran que decir y hacer una apelación a la política, en un documento dirigido a la Acción Católica, que alejaba a esta de su condición de cooperadora en la labor pastoral de los obispos.
La doctrina era de la sumisión al poder era la conclusión de estos principios: todo poder viene de Dios, la autoridad debe ejercerse en beneficio de la comunidad y no del gobernante.

El autor de la ponencia de la tarde del martes, Cristóbal Robles, presenta un balance de la dictadura. El predominio del integrismo reaccionario impidió la formación de una derecha conservadora, liberal y católica. El intento de modernizar la sociedad española provocó una respuesta en la derecha española y en la Iglesia, “excitada desde 1917 por el miedo a la revolución”. Un sector amplio de propietarios pequeños y medianos rurales, que apoyaron a
Primo de Rivera, fueron luego la base electoral de conservadores y católicos, que secundaría la sublevación del ejército.

Según Azaña, la dictadura enseñó que no existía vía intermedia entre “el absolutismo irresponsable” y “el liberalismo organizado en democracia”.
Ángel Herrera y los suyos dijeron que la dictadura desenmascaró a los partidos liberales, carentes de masas, dirección y objetivos. Sin un programa ni actuaciones que demostraran su fuerza social.
En España, decía Indalecio Prieto el 23 de abril de 1930, había “comarcas enteras para las cuales ha pasado insensiblemente este período dictatorial, sin poderlo distinguir de otras épocas oprobiosas en que el cacique era también el instrumento de la tiranía del Poder público”.
Como cautela, habría que dar a las clases medias, que “tienen por lo visto, la conciencia despierta”, unas “garantías de solvencia en el instrumento de gobierno que haya de sustituir a la actual monarquía española.
Alcalá Zamora ,el 21 de mayo de 1930, en el Ateneo de Madrid, hablaba de una República conservadora como la mejor solución a la crisis revolucionaria que padecía la monarquía.

La mirada a México como un país amigo y un modelo: su revolución plantean una posible referencia en lo acontecido en España. No se quiso turbar una imagen de México, fijada por el “nacionalismo cultural” que caracterizó la vida intelectual tras la revolución. Hay un uso ambiguo de los términos pueblo y nación. Se alimentaba de ese modo un debate cultural, que dura hasta la mitad del siglo XX en México.
Entre los factores que la explican hay que contar el problema no resuelto de las relaciones Iglesia-Estado, que venía desde la época de Porfirio Díaz. Aparecen dos Méxicos como la raíz del conflicto. Frente a la sumisión y la violencia, la libertad y la ley. No súbditos, sino ciudadanos. Frente a quienes convirtieron la escuela y la educación en una lucha por la hegemonía, recuperar ese espacio de competencia que permite a cada cual respetar lo que cada uno elige. La reivindicación de libertad incluye la lucha por la libertad de enseñanza.

Concluye esta magnífica y documentada exposición con una mirada a Tedeschini, a modo de despedida. Habló Federico Tedeschini con admiración de las cosas de España, de sus éxitos. Supo excusar la falta de respuesta a sus notas. Eso sucedía casi siempre. Redactó una nota de protesta por los incendios, atropellos a las personas eclesiásticas, en un momento en que los socialistas se apoderaban de iglesias y otros edificios para instalar la “Casa del Pueblo”. En los momentos dramáticos mantuvo la serenidad para reconocer que hubiera podido haber errores o excesos que justificaran algunas medidas tan graves como el encarcelamiento de sacerdotes. Se agravaba la situación de orden público y los ataques a los templos, edificios e instituciones de la Iglesia. El cardenal Tedeschini tuvo que protestar “con honda amargura” contra esos abusos.

Los informes dejaban la impresión de que las autoridades lo permitían, pues no se castigaba a los culpables, conocidos y localizados. Se echaba de los pueblos a los párrocos, se les expulsaba porque eran sacerdotes. El 16 de mayo de 1936, el cardenal pro-nuncio volvió a dirigirse al ministro de Estado. Denunció los abusos cometidos por autoridades locales, grupos políticos, inspectores ligados a ellos, que se incautaban de las escuelas privadas católica. Confiaba que, siendo ilegales esos actos, los impediría el Gobierno.
Eso es un estado de revolución. Se ha perdido la legalidad. Cuentan los hechos consumados, ante los cuales la fuerza del derecho nada hace o nada puede hacer.
No se trata de un asunto jurídico, sino de un drama social: cuando la ley no se respeta, la violencia se desencadena y eso parece dar razón al más fuerte. La única salida está en que otro más fuerte acabe con ese sistema de terror, restableciendo el imperio de la ley o respondiendo a la violencia con la violencia. Es evidente que la Santa Sede abogó siempre por el imperio de la ley y confió en la razón de sus argumentos.

La parte final de esta segunda jornada concluye con el Seminario sobre el patrimonio documental canario en el archivo secreto vaticano. Se aborda el tema de "El tránsito a la contemporaneidad.Tensiones de fin de siglo".

El profesor José Miguel Barreto presenta el período de 1868 a 1908. Comprende los episcopados de Urquinaona, Pozuelo y Cueto. En 1868 la Junta revolucionaria toma decisiones que afectan a la Iglesia. Se trata de la demolición del convento de las clarisas de La Orotava, así como de la iglesia de San Bernardo y convento de las Bernardas del Cïster además se expulsa a los jesuitas , se ocupa una parte del seminario y se seculariza el cementerio católico de Las Palmas. En 1883 se construye el Puerto de la Luz, ruptura de los límites de la ciudad, supone encuentro de la Iglesia con la modernidad que llevará a un giro pastoral de la Iglesia con el Padre Cueto. Los problemas son el escaso clero y la lucha contra la pobreza, ante los que destaca la acción social de la Iglesia y su pastoral Señalar la presencia de las Hijas de la Caridad, creación de Círculos Católicos de Obreros, conferencias de san Vicente Paúl y la organización de la enseñanza con presencia de claretianos, Hijas de Cristo Rey, Dominicas de la enseñanza...

La intervención de la licenciada Teresa Murillo presenta el episcopado del Padre Cueto. Lo centra en el contencioso sin resolver con el cementerio de Las Palmas. Su propuesta es una solución en que no haya no vencedores ni vencidos, donde se salve lo esencial. Las dificultades se solucionan en el momento de ensanchar el cementerio, lo que supone una vuelta al diálogo con el ayuntamiento de la ciudad, éste asume su administración temporal, mientras que el aspecto espiritual queda confiado a la Iglesia.Este avance es debido a la consideración social del Padre Cueto por la creación de la universidad pontificia para Las Palmas y al indulto de los prófugos.

A partir del miércoles, se cambia el escenario de las XIII Jornadas de Historia de la Iglesia. La sede del ISTIC en Tafira acoge los dos últimos días. Este miércoles abrirá el tercer día, el doctor Andrés Martínez, director del archivo histórico diocesano de Madrid quien presenta "Crisis y cambio en la Iglesia española contemporánea".

Julio Roldán

Vea también:
- Historia: XIII Jornada Iglesia en Canarias- 1
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