¡FUISTE, VAS E IRAS!
Sales en custodia, delante de nosotros, Señor, en la mañana del CORPUS para que, lejos de echar la mirada atrás, sin miedos ni temores, pongamos nuestras ilusiones y esperanzas en el horizonte. Atrás, Señor, quedan los milagros Delante, Señor, nuestras manos dispuestas Atrás, Señor, se mantienen tus horas grandes Delante, Señor, caminas para que –de las nuestras- hagamos las mejores.
¡Fuiste, Señor, por delante! Y marcaste el impulso de la fe de muchos hombres y mujeres Hiciste que, el agua insípida, se convirtiese en añejo vino Que el paralítico volviese al alegre movimiento Que el sordo se percatase de la música O que, el enfermo, se levantara con fuerza
¡Fuiste, Señor, por delante! Y, hoy, en el Corpus, -de nuevo- tomas la iniciativa. Se elevan nuestros ojos y, nuestros cuerpos, se inclinan o doblan a tu paso Se elevan nuestras manos y, nuestros ojos, son incapaces de contener la emoción que infunde el Misterio y la blancura de tu Santa Hostia
¡Si, Señor! ¡Vas por delante de nuestras vidas! Indicándonos el camino que nos marca el ritmo de la felicidad Alentándonos para no desfallecer en el intento de ser diferentes Mirándonos para que, ninguno de nosotros, se pierda de tu sendero
¡Sí, Señor! ¡Irás siempre por delante! Porque, EL CORPUS CHRISTI, es la fe que se desborda Es la iglesia que no tiene más techo sino el cielo El altar más gigantesco, en plazas y calles contenido
¡Si, Señor! ¡Gracias porque fuiste, vas e irás siempre por delante! Porque, a pesar de nuestras pequeñeces, nos invades con la fuerza de la Eucaristía Porque, a pesar de nuestras traiciones, nos acoges –una y otra vez- en tu regazo Hoy, Señor, te presentamos la pobreza y la riqueza de nuestra vida: ¡Aquí tienes nuestra vida, Señor! Está escrita en el asfalto de las calles que hoy pisas En la azotea que tu custodia alcanza En el balcón que, con fervor, cientos de pétalos para Ti desprende. En la plaza donde hoy, además de Dios, eres voz que habla, acaricia y bendice. Tú, Señor, siempre serás la razón de nuestra historia Tú, Señor, siempre serás la diana de nuestro corazón Tú, Señor, siempre serás el núcleo de nuestro pensar, ser y existir Tú, Señor, eres esa fuerza irresistible que invita a caminar, a creer y a seguir adelante. Gracias, por todo eso, Señor. Ayúdanos, entre otras cosas, a seguir creyendo y mirando hacia adelante. Amén.
Javier Leoz Corpus Christi 2006
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