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EUCARISTÍA
 

LA EUCARISTÍA

Para seguir profundizando en este año de la Eucaristía sobre los que ella supone en nuestra vida, tal vez nos podrían ayudar los mismos textos litúrgicos con los que la Iglesia celebra este sacramento. En la medida que rezamos con ellos, el Espíritu Santo, nos infundirá un aprecio cada vez mayor por lo que constituye el centro y el culmen de la vida cristiana.

"Padre santo, lo que Jesús nos mandó que hiciéramos, ahora lo cumplimos en esta Eucaristía: te ofrecemos el pan de la vida y el cáliz de la salvación, proclamando así la muerte y resurrección de tu Hijo. Él es quien nos conduce hacia ti; acéptanos a nosotros juntamente con él." (Plegar. euc. misa con niños I)
En estas breves palabras se condensa mucho del misterio de la Eucaristía:La celebramos porque es la forma en que Cristo quiso que lo recordáramos, más aún, la forma privilegiada en que se hace presente entre nosotros;El verdadero "ofertorio" es el ofrecer al Padre la vida entregada de Cristo, que se ha convertido en pan y vino que alimenta nuestra existencia.Por medio de ella hacemos memoria del acontecimiento central de la vida de Jesús, su muerte y resurrección, acontecimiento que es actual para cada persona y cada comunidad que invoca a Jesucristo como su Señor.Unidos a Cristo es como el Padre nos acepta como sus hijos, nos reconcilia con Él, y nos abre las puertas de su perdón y su misericordia. Y esto se realiza de forma especial en cada Eucaristía.
"En este santo sacrificio, que él mismo entregó a la Iglesia, celebramos su muerte y resurrección." (Pleg. euc. misa con niños III)

La Eucaristía es un regalo que el mismo Señor ha entregado a su Iglesia, y que la Iglesia, llena de agradecimiento, la celebra con cariño y respeto. Es de todos, pero de nadie de forma particular. En ella el Señor se debe reconocer. Por ella el Señor nos reconoce como sus amigos y nosotros lo confesamos como nuestro salvador.
"Te pedimos, Padre, que esta víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia peregrina en la tierra...Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo." (Pleg. euc. III)

Cristo es nuestra paz. Él ha venido a enseñarnos a vivir, y a ampliar nuestros horizontes mostrándonos lo importante que somos para Dios. Él conoce que nuestra existencia es conflictiva, y por eso se ha hecho "víctima" que puede parar la espiral del odio y abrir a la humanidad a un futuro de vida y plenitud. La Iglesia, como comunidad peregrina, creciendo en fe y en amor, hace posible que este proyecto de Cristo siga adelante y se haga actual y urgente para toda comunidad humana. Por eso, celebrar la Eucaristía es una aportación imprescindible para que la paz de Cristo venza barreras y dificultades y se vaya instaurando, de forma callada pero real, en los corazones, en las relaciones y en las estructuras humanas.
La oración constante de la Iglesia reunida se une a este deseo del Señor, y la propia Iglesia suspira por el momento en que todos los bautizados, dispersos por la increencia o la desunión lleguemos a armonizar en deseo unánime de que el reino de Dios venga de forma total sobre la humanidad entera.

"Danos entrañas de misericordia ante la miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido. Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando". (Pleg. euc. V/b )

Celebrando la Eucaristía, de forma frecuente y consciente, los cristianos nos deberíamos ir transformado en aquello que comemos y bebemos, adquiriendo los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Lo que en cada Eucaristía recibimos es para darlo, para ponerlo al servicio de una civilización del amor. Toda comunidad cristiana que se reúne a celebrar la Pascua del Señor, debe ser un "recinto" alternativo de fraternidad. Es cierto que no existen comunidades ideales, sino frágiles y pecadoras; pero nuestra distinción esencial debería estar en la capacidad de conversión, en la humildad y en la disponibilidad de nuestras vidas al proyecto de Alguien , que ha partido y compartido su vida para que todos tuviéramos vida.


Secretariado de Catequesis de la Diócesis de Canarias


Ver también:
Año de la Eucaristía: octubre 2004 a octubre 2005
Indulgencias en el Año de la Eucaristía ¿Qué son?




Año de la Eucaristía: octubre 2004 a octubre 2005 | Sacerdotes carta del Papa. Jueves Santo 05

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