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JUAN PABLO II: UN PONTIFICADO QUE CAMBIÓ EL MUNDO
 

Un pontificado que ha cambiado el mundo

Juan Pablo II ha tenido un papel decisivo en los principales acontecimientos políticos y sociales de los últimos 26 años: desde la caída del comunismo en Europa hasta el impulso al diálogo interreligioso.


El pontificado de Juan Pablo II pasará a la historia como el de mayor impacto social y político en toda la historia. En sus primeros años, Karol Wojtila consumó el proceso de deshielo en las relaciones entre la Iglesia católica y los regímenes comunistas. Y luego siguió rompiendo esquemas, tanto en su apuesta por la nueva evangelización en los países liberados del comunismo como en otros ámbitos sociales, sin excluir sus numerosos viajes a los cinco continentes (especialmente África y Asia), concretamente a países en muchos casos alejados del catolicismo. Ha sido especialmente importante su trabajo de potenciación del diálogo interreligioso en varios ámbitos. En septiembre de 1986, se reunió en Asís (Italia) con líderes de las principales religiones monoteístas en un histórico encuentro que ha dado nombre a lo que se conoce como todo un espíritu ligado a la ciudad de San Francisco. Juan Pablo II es, además, el primer pontífice que ha pisado una mezquita y que ha visitado países ortodoxos, algo impensable antes de 1978. En 26 años, el trabajo del Santo Padre ha cambiado el mundo.

Sin pelos en la lengua

El impulso misionero y entusiasta de este Papa polaco ha servido para contribuir decisivamente a la caída del Muro de Berlín y, con él, los regímenes comunistas de la Europa del Este, separados del resto del mundo por el conocido Telón de Acero. El final de la guerra fría y la distensión entre Estados Unidos y la ahora desaparecida Unión Soviética constituyen los principales referentes de este logro con el que Karol Wojtila ha tenido, sin duda, mucho que ver. Esto, por otro lado, forma parte del compromiso nítido que Juan Pablo II ha mostrado siempre con la paz en el mundo. Dentro de su condena a todas las guerras, fueron especialmente valorados sus mensajes sobre las dos guerras de Irak: la de 1991 para liberar Kuwait, a pesar incluso del aval de la ONU, y la de 2003, promovida unilateralmente por Estados Unidos y el Reino Unido. De la primera, dijo que era “injusta”, mientras que la segunda, la calificó de “inaceptable desde el punto de vista moral” precisamente por el hecho de haber sido definida desde Washington como “preventiva”.

Un referente moral universal

Juan Pablo II ha sido valorado también, desde dentro y fuera del mundo católico, como un indiscutible líder moral. Sin embargo, en sus posicionamientos sobre temas de interés público, este pontífice no se ha callado y, por tanto, no ha cambiado sus discursos para recibir menos críticas. Ha sido claro en sus mensajes sobre la familia y el matrimonio, sobre el sacerdocio, sobre la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural (condenando siempre el aborto, la pena de muerte y la eutanasia), sobre la defensa de la libertad de enseñanza y sobre otras muchas cuestiones. Esto ha provocado críticas desde muchos sectores sociales, pero él nunca ha hablado para contentar a todos, sino para proponer el mensaje de Jesucristo a todo el mundo.

Popularidad

“Este pontificado pasará a la historia, también la historia política”. Es una frase reciente de Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea entre 1999 y 2004 y actualmente aspirante a primer ministro de Italia por una emergente coalición de centroizquierda. De alguna manera, el comentario resume el reconocimiento unánime a la labor de Juan Pablo II, más allá de las creencias o de las simpatías hacia su persona. “Es un hombre muy popular, pero cuesta mucho explicar por qué”, decía el actual portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, en unas declaraciones realizadas a E-Cristians en mayo de 2003. Son algunas de las numerosas reacciones que siempre ha generado la actividad del último pontífice del siglo XX y primero del XXI.

Paz, justicia y perdón con todos

Otra de las fechas socialmente históricas en el pontificado de Juan Pablo II es la del 12 de marzo de 2000. En el marco del Jubileo cristiano que la Iglesia celebra contemporáneamente cada 25 años, el Santo Padre pidió perdón, de forma pública y solemne en el Vaticano, por todos los errores y ofensas cometidos por la propia Iglesia católica en toda la historia. Fue el llamamiento a la purificación de la memoria, un mensaje acompañado antes y después por lo que el pontífice polaco ha sostenido siempre como gran trípode para la humanidad: “No hay paz sin justicia, ni justicia sin perdón”.

Con todos

Al margen de los momentos concretos, Juan Pablo II también ha cambiado el mundo por su condición de Papa viajero. Ha sido recibido por multitudes entusiastas tanto en Estados Unidos, Asia y Europa como en Nigeria, el Congo, Kenia, Camerún, Togo y otros países africanos, por poner sólo algunos ejemplos. Ha escuchado danzas tradicionales e incluso, en algunas ocasiones, conciertos de rock. En los primeros años de pontificado, fue recibido en su Polonia natal por las autoridades comunistas, con respeto e incluso con admiración, y saludó afectuosamente en el Vaticano al último presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachev, cuando el comunismo todavía no había caído.

Tiroteado

Ligado a su defensa del mensaje de Cristo contra viento y marea, merece un capítulo aparte el atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981. Juan Pablo II recibió varios disparos del joven turco Alí Agca en plena Plaza de San Pedro. Salvó su vida y él siempre ha dicho que una mano disparó la bala y otra, concretamente la de la Virgen María, la desvió. Aunque las investigaciones no han aclarado todo, es evidente que aquel atentado tuvo que ver mucho con el peligro que los regímenes comunistas del momento veían en este jefe de la Iglesia católica, un polaco que había sufrido los horrores de los principales totalitarismos del siglo XX, sobre todo nazismo y comunismo. Desde aquel intento de acabar con su vida, Juan Pablo II ha seguido con su ministerio, aunque los problemas de salud han sido lógicamente más frecuentes que si no se hubiese producido.

Hacer presente la Iglesia

En definitiva, Karol Wojtila será reconocido por su defensa de la cultura de la vida con toda la coherencia. Se ha pronunciado ciertamente contra el aborto, pero también ha insistido en la urgencia de la erradicación de la pobreza, ha condenado la pena de muerte y ha recordado la necesidad de promover la justicia económica. Este Papa ha predicado el amor y, desde sus limitaciones humanas, ha ejercido su ministerio apostólico sin renunciar a promover la presencia de la Iglesia en el mundo.


Ignasi Miranda
www.forumlibertas.com




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