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LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN

Lo que les digo de noche, díganlo a la luz del día, y lo que les digo al oído, predíquenlo desde los terrados

Llamó Jesús a sus doce apóstoles, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y virtud de curar las enfermedades. Y los envió a predicar el Reino de Dios y curar a los enfermos.

Y les dijo: “No lleven nada para el viaje, ni alforjas, ni pan, ni dinero, ni ropa”.

Habiendo partido, iban de lugar en lugar anunciando el Evangelio y haciendo curaciones por todas partes.

Después eligió a otros setenta y dos, a los cuales envió delante de Él, de dos en dos, por todas las ciudades y lugares adonde había de ir Él mismo. Y les decía: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rueguen, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Vayan ustedes: he aquí que los envío como ovejas en medio de lobos. Por lo tanto, deberán ser astutos como serpientes y sencillos como palomas. El que los escucha a ustedes me escucha a mí, y el que los desprecia, a mí me desprecia. Y quien a mí me desprecia, desprecia a Aquel que me ha enviado. Por mi causa los llevarán ante reyes y gobernadores para dar testimonio de mí ante ellos. No se preocupen de lo que tienen que decir, pues el Espíritu Santo hablará por ustedes.

Todos los odiarán por causa de mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

No tengan miedo, pues no hay nada oculto que no llegue a descubrirse. Lo que les digo de noche, díganlo a la luz del día, y lo que les digo al oído, predíquenlo desde los terrados. No teman a los que matan al cuerpo y no pueden matar el alma; teman sólo a los que pueden arrojar alma y cuerpo al infierno.

Todo aquel que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en los cielos, pero quien me negare delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

Regresaron los setenta y dos llenos de gozo, diciendo: “Señor, hasta los demonios mismos se sujetan a nosotros por la virtud de tu nombre”.

Él les respondió: “Yo estaba viendo a Satanás caer como un relámpago. Les he dado poder de tocar serpientes y escorpiones y todo el poder sobre el enemigo y nada podrá hacerles daño. Pero no se alegren tanto porque los demonios se les sometan. Alégrense más bien porque sus nombres están escritos en el cielo”.(cfr. Lc. 9, 1 ss.; Lc. 10, 1 ss.; Mt. 10, 16 ss.; Lc. 10, 17 ss.)




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