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BENEDICTO XVI: SACRAMENTUM CARITATIS
 

EXHORTACION APOSTÓLICA "SACRAMENTUM CARITATIS"

CIUDAD DEL VATICANO, 13 MARZO 2007 (VIS).-

Este mediodía se presentó en la Oficina de Prensa de la Santa Sede la Exhortación Apostólica Postsinodal de Benedicto XVI "Sacramentum Caritatis", sobre la Eucaristía fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia. Intervinieron en la rueda de prensa el cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia, relator general de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos y el arzobispo Nikola Eterovic, secretario general del Sínodo de los Obispos.

El documento, fechado el 22 de febrero, fiesta de la Cátedra de San Pedro, es fruto de la asamblea sinodal celebrada en Roma del 2 al 23 de octubre de 2005. Se ha publicado en latín, italiano, inglés, francés, español, alemán, portugués, polaco.

El arzobispo Eterovic afirmó que la exhortación apostólica forma parte de "la serie de los grandes documentos sobre el sublime sacramento de la Eucaristía, como son, por ejemplo, los del Siervo de Dios Juan Pablo II "Ecclesia de Eucharistia" y "Mane nobiscum Domine". "La "Sacramentum Caritatis" se sitúa en esta continuidad y al mismo tiempo vuelve a proponer de un modo actualizado algunas verdades esenciales de la doctrina eucarística, exhortando a una digna celebración del rito sagrado, recordando la necesidad urgente de desarrollar una vida eucarística en la vida cotidiana".

El documento, añadió el secretario general del Sínodo, "presentando en modo accesible al hombre contemporáneo las grandes verdades sobre la fe eucarística, trata varios aspectos de actualidad en su celebración y exhorta a un renovado compromiso en la construcción de un mundo más justo y pacífico en el que el pan partido para la vida de todos sea cada vez más causa ejemplar en la lucha contra el hambre y contra todo tipo de pobreza".

El cardenal Angelo Scola recordó que el título de la exhortación apostólica "Sacramentum Caritatis", reafirmaba "la insistencia del Santo Padre en estos dos años de pontificado sobre la verdad del amor", que indica claramente que este es "uno de los temas cruciales sobre los que se juega el futuro de la Iglesia y de la humanidad".

La exhortación se basa "en el nexo inseparable de tres aspectos: misterio eucarístico, acción litúrgica y nuevo culto espiritual" y "está estructurada en tres partes, cada una de las cuales profundiza una de las tres dimensiones de la Eucaristía", es decir: "Eucaristía, misterio que se ha de creer; Eucaristía, misterio que se ha de celebrar y Eucaristía, misterio que se ha de vivir".

"La enseñanza del Santo Padre -prosiguió el purpurado- ilustra con claridad como la acción litúrgica (misterio que se ha de celebrar) sea aquella acción específica que hace posible la conformación de la vida cristiana (misterio que se ha de vivir, nuevo culto) por parte de la fe (misterio que se ha de creer)". Benedicto XVI, "con una segunda novedad doctrinal de gran importancia", resalta además "la relevancia del "arte de celebrar" para una participación activa plena y fructuosa".

En la primera parte, "Eucaristía, misterio que se ha de creer", se habla al inicio del "Don de la Trinidad", y "se ilustra el misterio de la Eucaristía a partir de su origen trinitario, que asegura su carácter permanente de don. (...) En esta enseñanza se apoya la raíz profunda de cuanto enseña la exhortación acerca de la adoración y su relación intrínseca con la celebración eucarística".

Refiriéndose a los lazos entre "Institución cristológica y obra del Espíritu", el Santo Padre aborda "la institución de la Eucaristía en relación con la cena pascual judía" en un "pasaje decisivo para iluminar el "novum" radical que Jesús aporta a la antigua cena ritual".

"Efectivamente -comentó el cardenal- nosotros en el rito no repetimos el acto cronológicamente situado de la Última Cena de Jesús, sino que celebramos la Eucaristía como "novum" radical del culto cristiano". Jesús "nos llama (...) al misterio de muerte y resurrección, principio innovador de transformación (...) de toda la historia y del entero cosmos".

"Eucaristía e Iglesia", el segundo apartado, subraya que "la Eucaristía es el principio causal de la Iglesia: "en cada celebración confesamos la primacía del don de Cristo. El influjo causal de la Eucaristía en el origen de la Iglesia revela la precedencia no sólo cronológica sino también ontológica del habernos "amado primero". (...) Benedicto XVI, mientras afirma la relación circular entre la Eucaristía que edifica la Iglesia y la Iglesia misma que celebra la Eucaristía, cumple una significativa opción magisterial por el primado de la causalidad eucarística sobre la eclesial".

En "Eucaristía y septenario sacramental" se afirma que la "santísima Eucaristía lleva la iniciación cristiana a la plenitud y es como el centro y fin de toda la vida sacramental". El Papa revisa en este contexto los sacramentos de la iniciación cristiana y "respecto al sacramento de la reconciliación insiste en la exigencia de "una recuperación de la pedagogía de la conversión que nace de la Eucaristía", mientras "la Unción de los Enfermos y el santo Viático ofrecerán a los fieles la posibilidad de asociar "al que sufre al ofrecimiento que Cristo ha hecho de sí mismo para la salvación de todos".

El carácter "insustituible del sacerdocio ministerial para la celebración de la santa Misa" se reafirma en el apartado "Eucaristía y Orden", donde además Benedicto XVI "subraya y profundiza la relación entre orden sacerdotal y celibato: "Respetando la praxis y las diferentes tradiciones orientales -escribe- es necesario reafirmar el sentido profundo del celibato sacerdotal, considerado con justicia una riqueza inestimable".

Se habla también del "fuerte redimensionamiento del clero en algunos continentes, que debe ser afrontado ante todo con el testimonio de la belleza de la vida sacerdotal" y con "una formación vocacional cuidadosa".

En "Eucaristía y Matrimonio", el Santo Padre sostiene que la "Eucaristía, sacramento esponsal por excelencia, "corrobora de forma inagotable la unidad y el amor indisolubles de todo matrimonio cristiano".

"A partir del carácter nupcial de la Eucaristía -explicó el patriarca de Venecia- Benedicto XVI relee el tema de la unicidad del matrimonio cristiano, haciendo referencia a la cuestión de la poligamia y a la de la indisolubilidad del vínculo conyugal".

El texto contiene "importantes sugerencias pastorales" respecto a los católicos divorciados que se han vuelto a casar. La exhortación, tras reafirmar que "a pesar de su situación siguen perteneciendo a la Iglesia, que les sigue con especial atención", enumera nueve modalidades de participación en la vida de la comunidad de estos fieles que, aunque no reciban la Comunión, pueden adoptar un estilo de vida cristiano".

"Se habla también de los que habiendo celebrado válidamente el matrimonio, por condiciones objetivas no pueden disolver los nuevos lazos contraídos, proponiéndoles, con una adecuada ayuda pastoral, que se comprometan "a vivir su relación según las exigencias de la ley de Dios, como amigos, como hermano y hermana", es decir, transformando su relación en amistad fraternal".

En la segunda parte, "Eucaristía, misterio que se ha de celebrar", se ilustra, dijo el purpurado, "el desarrollo de la acción litúrgica en la celebración, indicando los elementos que merecen una mayor reflexión y ofreciendo algunas sugerencias pastorales de gran importancia".

El Papa ofrece unas indicaciones sobre la riqueza de los signos litúrgicos (silencio, paramentos, gestos: estar de pie, de rodillas, etc) y el arte al servicio de la celebración. En este contexto se recuerda que el sagrario debe colocarse en un lugar visible en la Iglesia, gracias también a la lamparilla encendida.

La unidad entre misterio eucarístico, acción litúrgica y nuevo culto espiritual se pone de relieve "cuando el Santo Padre describe las condiciones personales para una fructuosa participación".

El documento subraya algunos aspectos pastorales que favorecen una participación activa más adecuada en el rito sagrado: el uso de los medios de comunicación, la atención a los enfermos, a los presos, a los emigrantes, las grandes concelebraciones, que se deben "limitar a situaciones extraordinarias", las liturgias eucarísticas en pequeños grupos. Asimismo, propone "un recurso más habitual a la lengua latina, sobre todo en las grandes celebraciones internacionales, sin descuidar el peso del canto gregoriano".

"El Papa -continuó el relator general del Sínodo- recuerda la unidad intrínseca del rito de la santa Misa", que se debe expresar también en el modo con que se cuida la liturgia de la Palabra". Benedicto XVI hace hincapié en "el notable valor educativo para la vida de la Iglesia, sobre todo en el momento histórico actual, de la presentación de los dones, el intercambio de la paz y el "Ite missa est". El Santo Padre ha confiado el estudio de posibles cambios sobre estos dos últimos puntos a los dicasterios competentes".

En la tercera y última parte del documento, dijo el cardenal, "se muestra la capacidad del misterio creído y celebrado de constituir el horizonte último y definitivo de la existencia cristiana".

Desde el inicio de la exhortación apostólica, constató el purpurado, "se subraya con fuerza que el don de la Eucaristía es para el hombre, responde a las esperanzas del hombre. (...) Los cristianos encuentran en la celebración eucarística al Dios vivo y verdadero capaz de salvar su vida. Y esta salvación tiene como interlocutora a la libertad humana". Benedicto XVI escribe al respecto: "Precisamente porque Cristo se ha hecho por nosotros alimento de la Verdad, la Iglesia se dirige al hombre, invitándolo a acoger libremente el don de Dios".

"La relevancia antropológica de la Eucaristía emerge con toda su fuerza en el culto nuevo característico del cristiano. (...) Sobre la base de la acción eucarística, cada circunstancia de la existencia se convierte, por decir así, en "sacramental". "Regenerado por el Bautismo e incorporado eucarísticamente a la Iglesia, el ser humano puede finalmente realizarse en plenitud, aprendiendo a ofrecer el "propio cuerpo", es decir, todo su ser, como sacrificio vivo santo y agradable a Dios".

El patriarca de Venecia señaló que "cada fiel está llamado a una profunda transformación de la propia vida", que es, como escribe el Papa, "un deseo cordial de corresponder al amor del Señor con todo el propio ser, no obstante la conciencia de la propia fragilidad".

"En este contexto -continuó-, cobra especial importancia la responsabilidad de los cristianos que desempeñan cargos públicos y políticos". Concretamente, los políticos y legisladores católicos deben "presentar y apoyar -escribe el Santo Padre- leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía".

En otro apartado del documento se habla del testimonio como forma de misión. "La misión primera y fundamental que recibimos de los santos Misterios que celebramos es la de dar testimonio con nuestra vida".

"La exhortación -añadió el purpurado- recomienda vivamente a todos, pero en particular a los fieles laicos, "cultivar el deseo de que la Eucaristía influya cada vez más profundamente en su vida cotidiana, convirtiéndolos en testigos visibles en su propio ambiente de trabajo y en toda la sociedad".

El cardenal Scola afirmó que el documento "no duda en afirmar que "la Eucaristía impulsa a todo el que cree (...) a hacerse "pan partido" para los demás, y por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno".

Tras poner de relieve que la celebración eucarística "implica la oferta del pan y del vino, fruto de la tierra, de la vid y del trabajo del hombre", el purpurado afirmó que "el tema de la salvaguardia de la creación se desarrolla en relación con el designio bueno de Dios sobre toda la creación. La realidad no es mera materia neutra que puede ser fácilmente manipulable por la técnica y la ciencia, sino que es querida por Dios en vista de la recapitulación en Cristo de todas las cosas. De ahí la responsabilidad en la salvaguardia de la creación propia del cristiano que se alimenta de la Eucaristía".

El cardenal Scola manifestó la convicción de que "en la autenticidad de la fe y del culto eucarístico se halla el secreto de un renacimiento de la vida cristiana capaz de regenerar al Pueblo de Dios. En el misterio de la Eucaristía se accede a la realidad de Dios que es amor".

Al inicio y al final del documento, Benedicto XVI subraya la relación entre la Eucaristía y la Virgen: "En María Santísima vemos perfectamente realizado el modo sacramental con que Dios, en su iniciativa salvadora, se acerca e implica a la criatura humana. De Ella hemos de aprender a convertirnos en personas eucarísticas y eclesiales".


Lea en línea esta exhortación apostólica:
Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis




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