MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2012
«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24)
La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual...
Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual)...
HE CONTADO TU FIDELIDAD Y TU SALVACIÓN, NO HE NEGADO TU MISERICORDIA Y TU LEALTAD ALTE LA GRAN ASAMBLEA (Salmo 40,11)
Hoy resulta fácil hablar del mal, pero no tanto hablar del pecado. El mal ¡lo tenemos tan cercano, y nos afecta tanto! Las consecuencias de la crisis económica, la corrupción, el terrorismo, la violencia doméstica, la droga, la emigración y sus muertes en la noche del océano, el paro, las crisis familiares… Hoy resulta fácil hablar del mal. Pero no nos gusta hablar ni oír hablar del pecado. ¿Dónde está la diferencia? ...
Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual)...