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 MONS. FRANCISCO CASES ANDREU
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Mons. Francisco Cases Andreu
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HOMILÍA MISA EN EL TEMPLO ECUMÉNICO 7 DIC.2014

Misa en el Templo ecuménico de Maspalomas




Texto de la homilía de nuestro obispo

FCelebración Eucarística IIº Domingo de Adviento

Templo Ecuménico, Playa del Inglés. Homilía de Mons. F. Cases
Domingo, 7 de diciembre de 2014


Queridos Hermanos y Amigos todos:

El Adviento, que estamos recorriendo los cristianos, es el gran grito del anuncio del Evangelio. Empieza el Evangelio, comienza el anuncio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está cerca, llega, viene a buscarnos y estar con nosotros.

"Aquí está vuestro Dios!", gritaba hace siglos el profeta Isaías.
¿Qué entendieron sus oyentes cuando Isaías decía que llega con fuerza, que su brazo domina?
¿Que Dios se presentaba como un guerrero fuerte que vence a los enemigos?
La profecía de Isaías se cumplió hace 2000 años de una manera que nadie esperó.
En su primera venida, el Hijo de Dios vino:
- en donde no se le esperaba
- como no se le esperaba
- para lo que no se le esperaba.
¿Quién comprendió entonces que se estaban cumpliendo las palabras de Isaías?

"Aquí está vuestro Dios!", nos grita hoy a nosotros el profeta Isaías
Juan Bautista dice que el Señor, que viene, puede más que él. Yo os he bautizado con agua para el perdón de los pecados. Pero el que viene puede más que él porque trae el Espíritu que bautiza los corazones.

¿Qué entendemos nosotros, que ya somos creyentes, cuando escuchamos hoy el grito de Isaías, el anuncio de Juan?
¿Que Dios se presenta como un gobernante poderoso que acaba con las injusticias, la corrupción, las guerras, las violencias y los odios?

Ciertamente es así, pero es necesario entender cómo lo hace.
Es necesario que esta llegada de Dios que nos anuncia el Adviento como la gran Buena Noticia, el Evangelio que Marcos abre hoy para nosotros en su primera página, sea bien entendida y acogida.
La oración de la Iglesia nos dice que Jesús viene hoy "en cada hombre y en cada acontecimiento".

Para mostrarnos dónde y cómo llega Dios, con fuerza y brazo dominador, Isaías añadió que Dios viene como pastor. Los pastores conducen los rebaños por los mejores caminos para fortalecerlos con los mejores pastos. Y eso exactamente hará Jesús. Pero los pastores, y Jesús es el mejor Pastor, lo hacen compartiendo con las ovejas la dureza de los caminos y la escasez de las cosechas, el frío de las noches de invierno, y la lluvia que cala los huesos, la soledad del monte lejos del aprisco en donde se refugió a tiempo el rebaño.

Y así vino. Nació en un establo, en donde se refugian los animales, pues le cerraron la puerta los humanos.
Y caminó delante de su pueblo, mostrando el camino que es él mismo;
y caminó en medio de su pueblo, consolando heridos y sanando corazones, uniendo a los distantes, y confortando a los fuertes;
y caminó detrás de su pueblo, recogiendo a los débiles y rezagados, llevando en sus brazos a los heridos, y buscando a los dispersos.
Y morirá, sacrificado como cordero, callando al ser llevado al matadero, para que todos escuchen su palabra y tengan Vida.

Y así vino y así viene. Esta es la Buena Noticia, este es el Evangelio, que "Aquí está nuestro Dios!". Y quien quiere descubrirlo y acogerlo en su venida, quien quiere salir a su encuentro, tiene que ir a buscarlo exactamente en donde él ha querido aparecer, en el lugar de los débiles y los pequeños, en el camino de los marginados y excluidos. Y tiene que dejarse bautizar por el Espíritu, que perdona los pecados porque bautiza los corazones.

Esa forma de aparecer Dios en nuestra historia es un signo y una llamada a todos, pero en especial a los que destacan, destacamos, en la sociedad y en la Iglesia porque ocupan, ocupamos, cargos y desempeñamos oficios, de los que depende el ordenamiento de la vida de los demás: obispos y sacerdotes, pero también políticos, empresarios, sindicalistas, intelectuales, etc.

Necesitamos una regeneración ética de la vida pública, un bautismo de debilidades, un bautismo de pecados, necesitamos en los que dirigen y gobiernan trasparencia y honradez, servicio y cercanía a todos pero preferentemente a los más desfavorecidos, sensibilidad para compartir, aun renunciando a lo que legítimamente correspondería. No todos hemos sido igualmente responsables de la crisis, pero todos hemos cargado con sus consecuencias en todos los niveles. La desigualdad en la responsabilidad fue grande, pero mucho mayor ha sido la desigualdad en la carga que se soporta, de forma que en nuestro pueblo sigue ensanchándose y profundizándose cada día la fosa de las diferencias.

El anuncio de la venida del Señor es el Evangelio, la Buena Noticia, que esperan sobre todo los sencillos, los más débiles. Mirándole a Él, que viene, aprendemos a acoger su venida pensando en los más débiles y poniéndonos cerca de ellos. Allí está nuestro Dios, así llega nuestro Dios. Así fue hace muchos siglos, así es y así será siempre. Él puede más que Juan porque trae el Espíritu que bautiza, cambiando los corazones.

Que sepamos esperarle. Que la Virgen María, camino del Adviento, nos ayude con su intercesión.

Vea también:




Homilía Fuerteventura Virgen de la Peña 2014 | Homilía de la Misa Crismal 2015

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