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EUCARISTÍA EN SUFRAGIO DE LAS VÍCTIMAS DEL ATENTADO TERRORISTA
DEL 11 DE MARZO 2004 EN MADRID
HOMILÍA
- 1 Jn. 3, 14-16
- Salmo: 102
- Mt. 11, 27-30
Queridos hermanos sacerdotes. Queridas autoridades. Queridos religiosos y religiosas. Hermanas y hermanos todos:
Hay acontecimientos en la vida que entrañan una llamada del Señor a hablar lo menos posible. Y en esta Eucaristía, conmemoración de la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección del Señor se da plenamente esa llamada.
Estamos todos aquí, celebrando esta Eucaristía, para que, contemplando el Cuerpo del Señor-Jesús, clavado en la cruz, porque los hombres morimos y porque los hombres matamos; contemplando también con esperanza el Cuerpo Resucitado del Señor, participando de su Cuerpo roto hecho alimento para nuestra salvación, y participando de su Sangre derramada para el perdón de los pecados del mundo, de nuestros pecados. Y nuestra voz se convierte en oración particularmente intensa por las víctimas de la brutal masacre que se produjo el pasado jueves en Madrid, una tragedia que alcanza dimensiones de una increíble violencia criminal e indiscriminada.
Nuestra voz se convierte en oración al Padre Bueno del Cielo, por la intercesión de la Virgen María y en nombre del Señor-Jesús, también por el eterno descanso de los que han perdido su vida, por la salud de los heridos, por el consuelo de sus familiares y amigos, vecinos y compañeros de trabajo o de estudio.
Nuestra voz se convierte en oración que pide a Dios que jamás vuelva a producirse un crimen tan abominable e inhumano, tan imposible de justificar desde ninguna perspectiva humana, política, ideológica o pseudo-religiosa.
Nuestra voz se convierte en plegaria cargada inevitablemente de tristeza, cargada de un incontenible dolor, una tristeza y un dolor que se unen al dolor y a la tristeza de los cristianos y nos cristianos de la Diócesis de Madrid, de todas y cada una de las víctimas y de sus allegados, de cuantos en su cuerpo o en su espíritu han sufrido este brutal signo de odio, consecuencia indudable del pecado.
No es preciso hablar más: es el momento de rezar intensamente y de pedir a Dios que el Mensaje de Jesús, del Señor, llegue al corazón de todos y cada uno de los seres humanos, acaso la única manera de que el amor de Dios, del Dios que se define como amor, apague para siempre los odios asesinos que, por desgracia, anidan en tantos corazones humanos.
Con el Cardenal Arzobispo de Madrid recordemos con sus propias palabras, que “oramos al Dios de toda misericordia para que las víctimas alcancen la vida, y también rogamos para que Dios nos conceda la gracia de acoger en nuestros corazones el perdón. Y rezamos con insistencia y confianza a Dios (tal como nos pide el Cardenal de Madrid) para que cambie las entrañas de los asesinos”.
Y con nuestro Papa Juan Pablo II, “reiteramos la absoluta reprobación de tan injustificables actos que ofenden a Dios, negando el fundamental derecho a la vida de todo ser humano y socavan la pacífica convivencia anhelada por las comunidades eclesiales y por la práctica totalidad del pueblo español”.
¡Que el Padre Bueno del Cielo, al que acudimos en nombre del Señor-Jesús y con la intercesión de la Virgen María, Reina de la paz, haga el milagro de que jamás vuelvan a repetirse, en ningún lugar del mundo, atentados semejantes, y que haga también el milagro no menor, de que ningún ser humano muera porque carece de todo, abandonado de todos, asesinado por el egoísmo y la injusticia, por la violencia de las guerras y por la falta de amor de aquellos que lo poseen todo!.
¡Que el Señor lleve al Cielo a los asesinados por el terrorismo, que cure las heridas de los que conservan aún la vida, que bendiga a todos los afectados de una u otra manera por el criminal atentado, que bendiga a cuantos han colaborado en ayudar a las víctimas, que bendiga a los cristianos y a todos los ciudadanos de aquella Diócesis, que nos bendiga a todos!.
¡Que así sea!.
+ Ramón Echarren Ystúriz
Obispo de Canarias
Ir a: Atentado en Madrid el 11 marzo 2004 Jueves Santo, Día del Amor Fraterno