La tradición de la Iglesia prohibía que se incinerara a sus fieles, esto era debido a distintos motivos de tipo cultural y teológico. En la actualidad no hay ningún problema que un católico sea incinerado.
Dice el canon 1176/3: "La Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos; sin embargo, no prohíbe la cremación, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana."