DESPUÉS DEL "CÓDIGO DA VINCI", LOS RETOS PASTORALES
José Antonio Rodríguez Roca Secretario General de Pastoral de la Diócesis de Canarias. Profesor del Instituto Superior de Teología de Canarias
Los medios de comunicación nos tienen acostumbrados, de vez en cuando, a darnos un supuesto sobresalto. Hace ya unos años la novela “El Caballo de Troya” de J.J. Benítez, que presentaba un Jesús “extraterrestre”, generó un ambiente en el que era tratada la novela por muchos, incluso dentro de la Iglesia, al mismo nivel que los Evangelios del Nuevo Testamento. Hoy, como lo será también en el futuro con otras novelas, la del “Código da Vinci” de D. Brown ha provocado un gran debate (¡hasta el aburrimiento!). Se dicen que son ficciones novelescas, pero filtran sin precisar que hay muchos datos reales.
Esta última pretende desvelarnos un gran secreto, que es la transmisión de la “generación” (la auténtica tradición) de Jesús a través de María Magdalena. La obra presenta diversos niveles de lectura. Uno literal, por lo que estamos ante una novela de intriga, con la calidad que tenga.
Otro desde la tradición gnóstica, que interpreta a Magdalena como discípula perfecta y amada (Evangelio de María 18,10), expresado simbólicamente por el matrimonio místico (en el Evangelio de Felipe 59,10 es su “hermana, madre y compañera”; la “cámara nupcial” es la nueva vida del bautismo: 69,20. Para el Evangelio de San Juan lo es el discípulo amado: Jn 13,23;19,26. Para el Evangelio de Tomás, log. 1, es el Mellizo), pero la novela lo relee como si fuera un matrimonio físico.
Además introduce la lectura política, que a través de una supuesta lectura histórica se quiere remontar desde la expansión de la Iglesia primitiva (conjetura de la emigración de Magdalena embarazada a las Galias), pasando por las comunidades gnósticas y los Templarios, al pretendido origen de la monarquía francesa (con la actual reivindicación monárquica de algunos grupos).
Por último, el objetivo final es una lectura anticatólica y anticristiana, por la cual argumenta que la Iglesia ocultó la verdad originaria de Jesús y del cristianismo.
Estamos ante nuevos y permanentes intentos apócrifos (relatos de creación) con la intención de llenar los vacíos históricos, que presentan los evangelios canónicos. Además, recurren a una interpretación profundamente inadecuada de la tradición apócrifa, particularmente de la gnóstica.
El gnosticismo (de “gnosis”, conocimiento) fue un movimiento de los siglos primeros de nuestra era que defendía las teorías de la unidad divina de todo (todos somos Dios), menos del mundo material que esencialmente malo. Por eso la verdad de las cosas no está en lo aparente, sino en el mundo espiritual oculto, al que sólo se puede acceder por iniciación a esos misterios secretos. Por eso la salvación del hombre está sólo dentro de cada uno y sólo los iniciados la descubren. Desde estas claves se hizo una reinterpretación de Jesús y del cristianismo, fue rechazado por la Iglesia primera, por no ser fiel a la tradición común más primitiva. Hoy estas teorías son recopiladas y adaptadas al mundo actual.
La publicación de la novela del “Código da Vinci” y su versión cinematográfica, coincidió con poner a la luz pública el descubrimiento de un texto gnóstico, el “Evangelio de Judas”. En el mismo, Judas aparece como sujeto de revelación (la verdad interior de cada uno) de los secretos del cielo, con la misión de traicionar a Jesús para que se cumpla el plan divino. De nuevo se afirma que este texto muestra como la imagen de Judas ha recibido un progresivo deterioro (demonizado). Este evangelio es muy tardío, parece pertenecer a la biblioteca descubierta en Nag Hammadi (Egipto) y sólo aporta datos para comprender el movimiento gnóstico.
Aparecen así dos figuras interpretadas y presentadas como contestación a las imágenes oficialmente presentadas por la Iglesia: la feminidad de Magdalena y la inocencia Judas. Estamos así, ante una recurrente teoría de ocultación de la Iglesia. Ya se decía hace tiempo que la Iglesia había tratado de ocultar los escritos del Mar Muerto, cuando cualquiera puede tener acceso a los mismos. Hoy se argumenta que la misma Iglesia quiere ocultar otra versión del cristianismo, que según los gnósticos quizás sea la más auténtica. Al final da igual que sea verdaderamente histórica o no, pues para la corriente gnóstica la verdad no es de este mundo y, en la actualidad, la verdad es virtual.
Nada hay de nuevo en todo esto, llevamos muchos años de conocimiento y estudio de tales teorías, lo nuevo es el fenómeno mediático y las ideologías que lo sustentan. Además actualmente existe una tendencia a la privatización intimista y al sincretismo acrítico, que se hace concurrente con este resurgir del neopaganismo y el gnosticismo. Ante una sociedad materialista, brota la necesidad de lenguajes estéticos e ideas “espirituales”. El renovado atractivo de los códigos y las sociedades secretas, se basa ciertamente en los códigos sociales, artísticos, literarios, etc. que existen en todas las culturas, pero se introducen lecturas “salvajes” sin control alguno de la investigación histórica y teológica. Ya el Vaticano planteó una respuesta en el año 2000 a un movimiento como el de la Nueva Era que difunden estas teorías, con un documento llamado “Jesucristo, fuente de agua viva”.
Lo que sí estamos es ante la revancha de grupos y doctrinas “marginales” (el gnosticismo) y de conductas supuestamente rechazadas (la sexualidad). Esta represalia se genera contra el corazón mismo de la fe en cuanto supuesta manipulación de la verdad (historia y teología) y una visión represora e infravalorada que de la sexualidad se dice tener (moral). También es verdad que deberíamos reconocer la responsabilidad que tenemos los cristianos en cuanto a una deficiente formación, a un débil testimonio, así como a una transmisión de una fe “barata”, sin presentar la auténtica y liberadora exigencia del Evangelio de Jesucristo (Mc 1,1).
A pesar de la inflación de intervenciones sobre el tema del “Código da Vinci” y el gran negocio que ha generado, pasará, pero los retos que supone permanecerán. En una coyuntura de expansión del gnosticismo, la pastoral de la Iglesia tiene que conectar con las claves que se le presentan como retos. Así en una cultura actual de acogida de la novelación, la pastoral debe realizar su transmisión del mensaje a través de una pastoral narrativa y, a la vez, iniciar a la comunidad cristiana en lo argumentativo. Desde la perspectiva del Jesús de Nazaret en la historia, su conocimiento entra en el ámbito de la investigación histórica. Desde la comprensión de la fe cristiana, Jesús de Nazaret es confesado como el Hijo eterno de Dios que nos es dado como Salvador (“A quien Dios exaltó... como Salvador.. Y nosotros somos testigos”: Hch 5,31s). A la vez, tenemos que criticar el planteamiento panteísta (todos somos Dios) y de autosalvación, por medio de la concepción cristiana de un Dios personal en relación amorosa con el hombre. Sobre todo, debemos aprender a vivir la fe cristiana en una sociedad pluralista en debate y que nos exige posicionarnos desde el diálogo crítico.
Vea también: Código Da Vinci: ¿Qué es? Código Da Vinci: ¿Es verdad lo que dice? Código Da Vinci: Toda la verdad Evangelios: canónicos y apócrifos Gnósticos: ¿Qué son los gnósticos? Judas: El Evangelio de Judas
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