18/06/2026

Aitor y Domingo, ordenados diáconos permanentes para ser “puente entre el altar y la calle”


La Iglesia que peregrina en Canarias ha vivido este sábado una jornada de profunda alegría y acción de gracias con la ordenación de dos nuevos diáconos permanentes. Carlos Aitor Mariezcurrena y Domingo Antonio Morales recibieron el ministerio del diaconado durante la Eucaristía celebrada en la Catedral de Santa Ana y presidida por el obispo de Canarias, Mons. José Mazuelos. 

La celebración congregó a numerosos sacerdotes, diáconos, religiosos, familiares y fieles de distintos puntos de la diócesis, que quisieron acompañar a los nuevos ministros en uno de los momentos más importantes de su camino vocacional.

En su homilía, Mons. Mazuelos recordó que, frente a quienes hablan de una Iglesia marcada por la secularización o la falta de vocaciones, “el Señor sigue sorprendiendo” y continúa llamando a hombres dispuestos a ponerse al servicio de los demás. “Dios no ha dejado de hablar; lo que ocurre muchas veces es que vivimos en un mundo lleno de ruido y cuesta reconocer su voz”, afirmó, invitando a toda la comunidad cristiana a recuperar la capacidad de escuchar al Señor. 

Dirigiéndose personalmente a Carlos Aitor y Domingo Antonio, el obispo subrayó que toda vocación nace de la iniciativa de Dios. “No somos nosotros quienes elegimos un ministerio como quien escoge una profesión; es Cristo quien llama. Él conoce vuestro nombre, vuestra historia, vuestras cualidades y también vuestra fragilidad. Dios no llama a los perfectos, sino que perfecciona a quienes llama”, señaló. También les recordó que el “sí quiero” pronunciado durante la ordenación resume años de oración, discernimiento y fidelidad, y deberá renovarse cada día de su vida. 

Meditando el Evangelio, el prelado explicó que el diácono está llamado a ser “sal de la tierra” y “luz del mundo”. La sal —dijo— no busca protagonismo, sino que desaparece para dar sabor, del mismo modo que el ministerio diaconal encuentra su sentido en el servicio humilde. “El diácono recuerda constantemente a toda la Iglesia que el servicio no es una actividad opcional, sino el corazón mismo del Evangelio”. 

Mons. Mazuelos insistió en que el verdadero lugar del diácono está allí donde Cristo sigue esperando: junto al pobre, el enfermo, el preso, el anciano, el migrante, las familias heridas o los jóvenes que buscan sentido para su vida. “No buscaréis ocupar el centro; vuestra alegría consistirá en hacer presente a Cristo allí donde tantas veces nadie quiere estar”, afirmó. 

El obispo recordó además que, mediante la imposición de las manos y la oración consecratoria, los nuevos diáconos no reciben únicamente una responsabilidad pastoral, sino que son configurados sacramentalmente con Cristo servidor. Por ello, les animó a dejar que el Evangelio transforme primero su propia vida, porque “la Iglesia necesita evangelizadores antes que organizadores, hombres de oración antes que hombres de actividad y servidores antes que administradores”. 

En referencia a la realidad de Canarias, Mons. Mazuelos destacó que el ministerio diaconal adquiere hoy una importancia especial ante los desafíos que viven las islas: las migraciones, la pobreza oculta, la soledad de muchos mayores, la fragilidad de numerosas familias y el creciente alejamiento de la fe. “Vosotros seréis un puente entre el altar y la calle, entre la liturgia y la caridad, entre la Palabra proclamada y la Palabra hecha vida”, afirmó, recordando además las palabras del papa León XIV sobre la necesidad de una Iglesia cercana, samaritana y humilde. 

El obispo tuvo también palabras de especial agradecimiento para las esposas y familias de los nuevos diáconos, reconociendo que el diaconado permanente no puede entenderse sin su apoyo, su generosidad y el camino compartido de fe y discernimiento. “Vuestra entrega silenciosa forma parte de esta ordenación”, les dijo. 

La liturgia estuvo marcada por los ritos propios de la ordenación: la presentación de los candidatos, el compromiso de obediencia, la postración durante las letanías de los santos, la imposición de las manos y la oración consecratoria, culminando con la entrega del Evangeliario, signo de la misión de anunciar y vivir la Palabra de Dios.

La celebración tuvo como lema las palabras de la Primera Carta de San Pedro: «Pongan al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido» (1 Pe 4,10), una expresión que resume el espíritu con el que Carlos Aitor Mariezcurrena y Domingo Antonio Morales inician desde hoy su ministerio al servicio de la Iglesia de Canarias.

Con esta ordenación, la diócesis da gracias a Dios por el don de estas dos nuevas vocaciones y encomienda su ministerio a la protección de la Virgen del Pino, para que, como recordó el obispo al concluir la celebración, vivan siempre un servicio “humilde, alegre, cercano y totalmente entregado”. 

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